Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca
La reciente aprobación del proyecto de ley que fomenta un envejecimiento digno, activo y saludable es una excelente noticia. Era una medida necesaria, largamente esperada y justa. Sin embargo, también indica que ahora comienza el verdadero desafío: hacer realidad esta ley, especialmente en regiones como el Maule.
Chile está envejeciendo rápidamente, y la Región del Maule lo está haciendo aún más. Según el Censo 2024, nuestra región presenta un índice de envejecimiento cercano a 84 (frente a un promedio nacional de 79), lo que revela un cambio demográfico significativo que afecta directamente la vida diaria en nuestras comunas. Esta cifra no es solo un dato: se traduce en centros de salud saturados, barrios inaccesibles, transporte insuficiente y un número creciente de adultos mayores que siguen esperando respuestas concretas.
Esta nueva ley representa un progreso al reconocer derechos que han sido postergados durante mucho tiempo: la prohibición de la discriminación por edad, la autonomía, la participación, y el acceso a la salud, educación, cultura y justicia. Además, obliga al Estado a establecer una Política Nacional de Envejecimiento, superando la visión de programas aislados y temporales.
No obstante, la implementación de una ley no ocurre por sí sola. Por eso, es esencial hacer un llamado claro. Al Ejecutivo, para que promulgue la ley de manera expedita y priorice la creación y aprobación de sus reglamentos sin demoras. A los gobiernos regionales, para que integren la cuestión del envejecimiento en su planificación estratégica y presupuestaria. Y a los municipios, donde la efectividad de esta ley se jugará en el ámbito local.
Hablar de un envejecimiento digno no significa solo enfocarse en los cuidados. También implica crear entornos accesibles, ciudades y zonas rurales amigables, fomentar la participación social, fortalecer la salud primaria y ofrecer oportunidades para que las personas mayores sigan contribuyendo a la comunidad. Además, es fundamental reconocer que invertir hoy en un envejecimiento saludable evitará costos sociales y sanitarios mayores en el futuro.
Nuestra región tiene una gran oportunidad para convertirse en un ejemplo regional en la aplicación de esta ley, coordinando esfuerzos entre universidades, servicios públicos, municipios y organizaciones sociales. Pero esto requiere decisión política, colaboración intersectorial y la voluntad de escuchar a las propias personas mayores.
Celebrar la aprobación de la ley es lo correcto. No obstante, conformarse con el mero aplauso no lo es. Las personas mayores han esperado demasiado. Esta ley debe ser promulgada con urgencia, reglamentada sin demoras y ejecutada con un enfoque territorial. El envejecimiento digno no puede ser postergado más.

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