El Senado valida la iniciativa de Ley sobre el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados.

Iván Palomo G.
Académico, Universidad de Talca.

En Chile, el tema de los cuidados no es simplemente una cuestión social secundaria, sino que se relaciona profundamente con la vida diaria de miles de familias. Estas familias, con esfuerzo y amor, cuidan de personas mayores, individuos con dependencia, personas con discapacidades, niños y niñas, o familiares que enfrentan enfermedades.

A lo largo de los años, el cuidado ha permanecido en la sombra, manejándose en el ámbito privado sin un respaldo suficiente, lo que ha generado un gran costo emocional, físico y financiero para quienes asumen la responsabilidad del cuidado. La reciente aprobación, el 14 de enero de 2026, del proyecto de ley que establece el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, representa una luz de esperanza. Este avance simboliza el reconocimiento de que el cuidado no puede seguir siendo un asunto privado, y que el Estado, junto a las comunidades y territorios, debe organizarse para garantizar este derecho de manera digna, compartida, de calidad y continua.

Es bien conocido que en nuestro país, la población envejece de manera acelerada: actualmente, un 20% tiene más de 60 años, y se estima que en 2050, será un 30%. Envejecer es parte de la vida, y no debería ser un problema; el verdadero desafío radica en envejecer en soledad, en condiciones de pobreza, enfrentando barreras de acceso, o sin el apoyo necesario cuando se presenta la dependencia.

El nuevo Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados abre la oportunidad de crear una institucionalidad que, si se implementa correctamente, mejorará la vida tanto de las personas que reciben cuidados como de quienes los brindan. A menudo, quienes cuidan son mujeres, muchas de ellas mayores, que suelen sentirse agotadas y casi siempre sin el reconocimiento que merecen.

Desde la región del Maule, es fundamental abordar esta noticia con atención. Nuestra región cuenta con una fuerte identidad rural, se caracteriza por su dispersión territorial y tiene una alta proporción de personas mayores en diversas comunas. Aquí, el cuidado a menudo se realiza lejos de centros especializados, y las redes familiares se ven afectadas por la migración, el trabajo informal y la escasez de servicios cercanos. El reto no es solo tener una ley; es garantizar que se haga efectiva en el territorio, teniendo en cuenta las particularidades locales.

La construcción de un Sistema Nacional de Cuidados no se puede limitar a Santiago. Debe desarrollarse en las municipalidades, en los centros de salud familiar, en postas rurales, en visitas domiciliarias, en programas comunitarios, en residencias, en centros diurnos, en la capacitación de cuidadores y en la coordinación entre salud, desarrollo social y gobiernos locales, entre otros. Además, también es vital reforzar la prevención, ya que abordar la dependencia a tiempo o evitarla es una política inteligente, humanitaria y sostenible.

Esta aprobación legislativa es un buen comienzo; una vez promulgada, se debe proceder a su implementación, financiación, monitoreo y formación de equipos, así como escuchar a las familias. Este debe hacerse con un sentido de urgencia, porque el cuidado no espera. Chile ha dado un paso significativo. El Maule puede —y debe— liderar este nuevo derecho social: el derecho a vivir con apoyos en los momentos más necesarios.

Con Información de www.diarioelcentro.cl

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