En el contexto del Día de los Pueblos Originarios, es súper importante reconocer y agradecer el tremendo aporte que estas culturas han hecho, y siguen haciendo, a nuestra identidad colectiva.
Más allá de los símbolos y las fechas que conmemoramos, su legado está presente en el paisaje que habitamos, en las historias que nos cuentan y en las cosmovisiones que desafían y enriquecen nuestra forma de ver el mundo.
Los pueblos Aymara, Licanantay, Mapuche, Lafquenche, Rapanui y Yagán, entre otros, no solo han preservado territorios físicos, sino que también tienen un patrimonio lleno de significado: cerros que son guardianes, mares que guardan memoria y bosques que nos enseñan el valor del respeto.
Esos lugares no son simples postales; son parte de una relación sagrada entre el ser humano y la naturaleza, una lección de sostenibilidad que nuestra sociedad contemporánea recién está empezando a captar.
Personalmente, he tenido la suerte de aprender a través del diálogo con amigos y sabios de estos pueblos.
Sus palabras, generosas y profundas, han cambiado mi visión: ya no veo un río solo como agua que corre, sino como un testigo de historias; una montaña no es solo un accidente geográfico, sino un ngen (espíritu) mapuche que pide reciprocidad.
Esa comprensión ha sido un regalo que me ha permitido reconectar con mi propia identidad, arraigada en un territorio diverso y mestizo.
Hoy, cada vez son más los profesionales y familias de estos pueblos que comparten sus conocimientos con los visitantes desde el respeto mutuo, sin folclorizar su sabiduría.
No se trata de “turismo étnico”, sino de encuentros auténticos, donde el aprendizaje fluye sin jerarquías. Esta es una de las mayores riquezas que podemos valorar como sociedad: la posibilidad de construir, desde la humildad y la escucha, una convivencia que honre tanto el pasado como el futuro.
Agradezcamos entonces no solo su persistencia, sino también su generosidad.
Que este día nos recuerde que su voz es clave en la construcción de un país más justo y consciente, donde el paisaje no sea solo un recurso, sino un lazo de memoria y pertenencia.
Un reconocimiento a aquellos que, con paciencia y sabiduría, nos enseñan a ver el mundo con otros ojos.
Miguel García.
Académico Arquitectura del Paisaje.
Con Información de portalmetropolitano.cl







