Despedida a Brigitte Bardot: ícono del cine y la música francesa.

Las dos letras «BB» son suficientes para evocar a una mujer que se convirtió en un ícono cultural y social. Su busto fue seleccionado para simbolizar la república francesa, alcanzando un reconocimiento global. Brigitte Bardot, actriz proveniente de una familia acomodada y conservadora, fue un objeto de admiración desde su adolescencia en los años 50. Durante tres décadas, se transformó en un emblema de libertad para las mujeres.

“Et Dieu créa la femme” retrata a una joven francesa que vive intensamente el amor y la vida. Mientras algunos la ven como superficial, otros la consideran una mujer libre. El fenómeno BB y su divulgación mediática inspiraron a Simone de Beauvoir, quien afirmó que Brigitte Bardot era “tanto depredadora como víctima de sus depredadores”.

A lo largo de dos décadas, Brigitte convivió con la imagen dual de liberada y objeto sexual. «Mi vida es como una gran celda, agradable, pero, al fin y al cabo, una prisión. No me pertenece, le pertenece a todos. La gente me atribuye frases que no he dicho y actos que no son míos. Siento que no soy libre; solo deseo que hablen menos de mí. Vivo con las cortinas y persianas cerradas, por miedo a los fotógrafos», compartió en una entrevista.

Desde los años sesenta, Brigitte ya anunciaba su descontento por el constante acoso mediático y público.

Después de dos décadas en la industria cinematográfica, Brigitte decidió retirarse de los rodajes y de la vida pública a causa —o gracias— a una cabra. Su última película, L’Histoire très bonne et très joyeuse de Colinot Trousse-Chemise, fue emitida en 1973 cuando contaba con 38 años, y su decisión fue definitiva: nunca regresó a la actuación.

Optó por los animales como su nuevo público, casi como un rechazo a la sociedad que la había tratado como una curiosidad. “He dado mi cuerpo a los hombres y mi alma a los animales”, expresó.

En 1977, desde su hogar en La Madrague, fundó la Fundación Brigitte Bardot para combatir el sufrimiento animal, tanto en el ámbito doméstico como en la industria de la carne y la piel. Un momento destacado de su activismo fue su viaje al Polo Norte para protestar contra la caza de focas por sus pieles.

De regreso a Francia, con el respaldo del gobierno de Valéry Giscard d’Estaing, se aprobó una ley que prohíbe la comercialización de productos derivados de la caza de focas. Sin embargo, con el tiempo perdió el apoyo de los presidentes sucesores, y su fundación mantuvo su actividad gracias a donaciones, mientras que el maltrato animal se desvaneció de la agenda política.

“Cuando oigo a estos políticos haciéndonos promesas sin cumplir… Ni de izquierda, ni de derecha ni de centro realmente habla sobre el problema: la causa animal o la mejora de la condición de los animales en Francia. ¡Esto me escandaliza!”, declaró en alguna ocasión.

El escándalo parece ser una constante en su vida. Brigitte comenzó desafiando las normas con su imagen de mujer libre, considerada frívola por algunos y cautivando a intelectuales. Pero también fue noticia por sus controversiales declaraciones racistas y homófobas. Sus lazos con grupos de extrema derecha en Francia no fueron bien recibidos.

El impacto de sus palabras llevó incluso a la remoción de algunos bustos que la representaban como Marianne en varias alcaldías. Para muchos, Brigitte Bardot pasó a simbolizar la deshonra.

Brigitte Bardot fue condenada en varias ocasiones en Francia por injurias raciales y por incitación al odio. Al final de su vida, criticó a personalidades como Emmanuel Macron y Nicolas Hulot, a quien catalogó de “cobarde”.

Diva, musa, símbolo sexual, figura percibida como superficial, referente del feminismo y de la libertad, racista, activista en la lucha contra el maltrato animal… Cada uno recordará a Brigitte Bardot de manera diferente. Lo cierto es que no fue una sola persona, sino múltiples vidas en una.

Un reportaje de Natalia Olivares para RFI.

Con Información de www.diarioelpulso.cl

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