Parte II: Transformar nuestra percepción, emociones y acciones en relación a la edad
Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS de la Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y el Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG) e integrante de la directiva de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile (SGGCH).
En mi columna anterior, hice una breve referencia al envejecimiento de la población. En este contexto, el Índice de Envejecimiento (proporción de personas ≥65 años sobre el total de personas <15 años multiplicado por 100) en la Región del Maule (83,9) ocupa el sexto lugar a nivel nacional, seguido por Valparaíso (98,6), Ñuble (97,6), Los Ríos (89,2), Magallanes (87,1) y Biobío (84,1). En ese mismo texto, comencé a explorar la Década del Envejecimiento Saludable (DES), proclamada por la OMS y la ONU para el período 2021–2030. Mencioné que en las próximas columnas profundizaría en las cuatro acciones estratégicas que la conforman:
(i) Transformar nuestra forma de pensar, sentir y actuar respecto a la edad y el envejecimiento, (ii) Fomentar comunidades que valoren las capacidades de las personas mayores, (iii) Ofrecer atención de salud integral, centrada en la persona y adaptada al envejecimiento, y (iv) Garantizar el acceso a atención a largo plazo para quienes lo requieran. En esta ocasión, me enfocaré en la primera acción: Transformar nuestra manera de pensar, sentir y actuar en relación a la edad y el envejecimiento.
Un elemento fundamental de la DES es la necesidad de cambiar nuestra forma de entender la edad y el envejecimiento. Este cambio cultural es vital, puesto que la discriminación por edad, conocida como edadismo, representa una de las formas de prejuicio social más aceptadas y menos cuestionadas. El edadismo tiene consecuencias negativas diversas: limita el acceso a servicios de salud, reduce las oportunidades laborales y restringe la participación social, además de influir en la autopercepción de las personas mayores.
El edadismo se expresa, entre otros aspectos, en: (i) Comentarios como “ya está demasiado viejo para eso”, (ii) Políticas públicas que no consideran a las personas mayores, y (iii) Representaciones en los medios que vinculan la vejez con enfermedad, dependencia o falta de valor. Estas afirmaciones no solo son erróneas, sino que también dañinas, afectando la calidad de vida y la dignidad de millones de personas mayores en nuestro país.
Para crear una sociedad más equitativa e inclusiva, es esencial que cambiemos nuestra perspectiva sobre las personas mayores. El envejecimiento es un proceso natural de la vida y cada individuo envejece de manera única. Hay adultos mayores activos, creativos, emprendedores, sabios y solidarios; así como aquellos que requieren apoyo y condiciones más justas para envejecer con dignidad.
Cada uno de nosotros debe cultivar el respeto, la empatía y el reconocimiento hacia las personas mayores, valorando su papel en las familias, en la historia de nuestras comunidades y en la transmisión de saberes intergeneracionales.
Ejemplos concretos de acciones anti-edadismo son: (i) Cuando los medios de comunicación retratan la vejez con dignidad, (ii) Cuando las empresas favorecen la inclusión laboral intergeneracional, (iii) Cuando las escuelas integran contenidos sobre el envejecimiento desde temprana edad, y (iv) Cuando los gobiernos diseñan políticas públicas que reconocen a las personas mayores como titulares de derechos.
Es tarea de los habitantes de la Región del Maule y de todo el país comprometernos con este cambio cultural. Esta primera acción estratégica de la Década es fundamental. Sin una transformación profunda en nuestra concepción de la vejez, las otras tres acciones no tendrán el impacto deseado.
Con Información de www.diarioelcentro.cl
