Escrito por Eugenio Fierro, Preparador Físico en Santo Tomás, Rancagua – Chile. Conferencista del equipo High Fitness y autor en la revista científica “Journal of Movement & Health”.
El reciente proyecto de ley aprobado en Chile que fomenta al menos 60 minutos diarios de actividad física en los centros educativos es un avance significativo en política pública. Este esfuerzo subraya que el movimiento no es un complemento del aprendizaje, sino una condición esencial para el desarrollo integral de los estudiantes. Sin embargo, su éxito dependerá menos del contenido legal y más de su aplicación en la práctica diaria de las escuelas.
La experiencia de Dinamarca ofrece una perspectiva valiosa. En 2014, este país implementó una política nacional que requería 45 minutos diarios de actividad física en la jornada escolar. Años más tarde, un estudio publicado en The Lancet Regional Health – Europe (Christensen et al., 2022) examinó los efectos de esta política utilizando acelerometría. Los resultados revelaron un incremento promedio de solo 6,5 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa entre niños y adolescentes, indicando que el objetivo de mayor movimiento se alcanzó parcialmente, pero la intensidad de la actividad seguía siendo baja.
Este hallazgo plantea una interrogante crucial para Chile: ¿es suficiente legislar sobre el tiempo? La respuesta es probablemente no. El movimiento no surge por decreto; requiere contextos bien preparados, recursos adecuados y capacidades pedagógicas que conviertan ese tiempo en experiencias corporales enriquecedoras. En resumen, no basta con “tener la hora”, es fundamental saber cómo aprovecharla.
La realidad de muchas escuelas en Chile presenta desafíos claros. Espacios limitados, falta de material deportivo, alta densidad de matrícula y condiciones climáticas que restringen la actividad al aire libre son factores que pueden dificultar cumplir con esta buena intención. Además, es esencial que los docentes reciban formación específica para promover actividad física de calidad, incluso fuera de las clases de educación física. De lo contrario, hay un riesgo considerable de que los 60 minutos se conviertan en un tiempo “activo” solo en apariencia, pero pasivo en efecto.
A pesar de todo, es importante apreciar este primer paso. Si el Estado hubiera esperado resolver todas las condiciones antes de legislar, esta ley jamás se habría concretado. Esta propuesta de política pública debe avanzar de manera gradual, siempre acompañada de evaluación, seguimiento y flexibilidad para adaptar las estrategias a diversos contextos escolares.
El nuevo reto es evitar que esta ley se transforme en un simple enunciado. Es necesaria una colaboración efectiva entre diversos actores, como ministerios, municipios, universidades y docentes, que permita monitorear no solo el cumplimiento del tiempo, sino también la calidad del movimiento. La evidencia es clara: más minutos no siempre equivalen a más salud per se. Sin embargo, también resalta que, sin minutos, no hay punto de partida.
Con Información de www.diarioelpulso.cl
La entrada De la intención a la acción: reflexiones sobre la nueva ley de 60 minutos de actividad física en el ámbito escolar. se publicó primero en Mi Chile Lindo.


