En Chile, se pierden millones de toneladas de comida al año, muchos de los cuales tienen un gran valor nutricional. Si redujimos esta cantidad, podríamos mejorar la seguridad alimentaria de las familias chilenas.
La celebración del Día Mundial de la Alimentación es una oportunidad para reflexionar sobre nuestras costumbres de consumo y aprender a aprovechar al máximo el potencial nutritivo de los alimentos que compramos.
Una mirada nutritiva al desperdicio alimentario
En Chile, se desechan alrededor de 2,5 millones de toneladas de alimentos al año, muchos de ellos con alto valor nutricional. “Desde el ámbito de la nutrición, hemos notado que muchas personas botan partes comestibles y nutritivas por falta de conocimiento. Las cáscaras, tallos y hojas de las verduras están llenas de fibra, vitaminas y minerales que son clave para tener una dieta equilibrada”, explica Guerrero.
La nutricionista destaca que el desperdicio impacta de manera directa en la seguridad alimentaria: “Cuando una familia tira comida, está botando plata que podría usar para comprar alimentos más variados y nutritivos. Yo he visto que enseñar a aprovechar mejor los alimentos no solo mejora la calidad de la dieta, sino que también ayuda a cuidar el presupuesto familiar”.
Consejos para reducir el desperdicio alimentario
Planificación de las comidas:
“Hacer un menú semanal balanceado permite comprar solo lo necesario y asegurar que estamos incluyendo todos los grupos alimentarios”, recomienda la nutricionista. Calcular porciones adecuadas para cada persona evita cocinar de más, y hacer un diagnóstico de lo que hay en la despensa puede prevenir la compra duplicada y el desperdicio de alimentos.
Conservación que mantiene nutrientes:
Almacenar correctamente las verduras para conservar su contenido de vitaminas es fundamental, así como congelar alimentos en el momento óptimo de madurez, cuando su valor nutricional está en su punto máximo. La nutricionista aconseja usar técnicas de conservación que mantengan las propiedades de los alimentos y alarguen su vida útil sin perder nutrientes importantes.
Aprovechamiento total de los alimentos:
“Las hojas de betarraga, rabanito y zanahoria son riquísimas en vitaminas A y C, ideales para ensaladas o salteados”, dice Guerrero. Los tallos de brócoli son una buena fuente de fibra y se pueden rallar para añadir a diferentes platos, mientras que las cáscaras de frutas cítricas tienen antioxidantes que se pueden usar en infusiones.
Recetas nutritivas para evitar el desperdicio
La nutricionista sugiere hacer un bowl nutritivo con las sobras, que combine proteínas (pollo, legumbres, huevo) con granos integrales (arroz, quinoa) y verduras varias. “Así se crea un plato completo que incluye todos los macronutrientes”, señala.
Otra opción es hacer un budín de verduras, mezclando vegetales cocidos sobrantes con huevos y queso para hornear. “Es una excelente fuente de proteínas, calcio y vitaminas, perfecto para añadir verduras que a veces los niños no quieren comer”, recomienda Guerrero.
Para aprovechar frutas que ya están maduras o golpeadas, propone preparar compota sin azúcar añadida. “Así se conserva toda la fibra de la fruta y es una alternativa saludable a los postres procesados”, explica.
Finalmente, un caldo nutritivo hecho en casa, cociendo cáscaras y restos de verduras, “es una base rica en minerales para sopas y guisos, que aporta micronutrientes sin calorías extras”, destaca la especialista.
El rol educativo del nutricionista
“En cada consulta en Vilbofit, enseñamos a nuestros pacientes cómo maximizar el aprovechamiento nutricional de lo que compran, lo que se traduce en mejor salud y ahorro. Como nutricionistas, tenemos la responsabilidad de guiar a la comunidad hacia prácticas que beneficien tanto su salud como el planeta”, concluye la especialista.
Con Información de portalmetropolitano.cl
