
Ante las dudas que han surgido entre diferentes actores del sector inmobiliario respecto al uso del “bono pie”, que ha sido una herramienta de acceso financiero por más de 15 años, y ante la discusión sobre su posible eliminación, es clave analizar las consecuencias que esto tendría para el mercado y proponer alternativas que no frenen el proceso de recuperación que estamos empezando a ver.
Eliminar el bono pie aumentaría las barreras de entrada, especialmente para los pequeños inversionistas y los hogares de ingresos medios con poca capacidad de ahorro mensual. Esto haría que las ventas se desaceleren y que la absorción de stock, que ya supera las 100 mil unidades a nivel nacional, retroceda.
Si se quita este mecanismo, el sistema necesitará soluciones alternativas para aliviar el esfuerzo financiero inicial. Una opción viable podría ser reactivar iniciativas como el proyecto “Pie Cero”, que se propuso durante la campaña de la ex candidata Evelyn Matthei, con el fin de subsidiar parte del pie para jóvenes y quienes compran su primera vivienda.
También es crucial que la banca considere reestablecer financiamiento al 90% del valor de la propiedad y ampliar los plazos a 40 años de manera transversal, ya que ambas medidas ayudarían a disminuir el pie requerido y hacer que el dividendo sea más manejable, sin relajar los estándares de riesgo, teniendo en cuenta los actuales valores de tasación y la baja morosidad histórica de los créditos hipotecarios.
Otra medida complementaria podría ser implementar un nuevo FOGAES, incluso sin subsidio a la tasa, aplicable a propiedades de hasta 5.000 UF. Esto podría aumentar las garantías disponibles para la banca y disminuir la percepción de riesgo, replicando el efecto positivo del programa anterior, que facilitó el acceso al crédito y mejoró la rotación de inventarios.
Si no se implementan medidas compensatorias, el mercado podría moverse hacia una mayor concentración, donde solo los Family Offices y grandes inversionistas capturen una porción cada vez más grande de la oferta disponible, dejando de lado a los pequeños inversionistas y restringiendo el acceso de la clase media a la construcción de patrimonio. El resultado sería un mercado menos competitivo y con menor capacidad de impulso económico.
La discusión sobre el bono pie no debería centrarse solo en su eliminación, sino en cómo asegurar que el sistema mantenga mecanismos que preserven el acceso, la profundidad y la dinámica del mercado inmobiliario.
Sandra Jerez
Gerente General
Capital Inteligente
Con Información de portalmetropolitano.cl
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