Sábado, 4 de Julio de 2026

Para mis amigos, todo | Publicación desde la Región de O’Higgins para Chile y el mundo


Escribe Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú).

Cuando se vio al expresidente Pedro Castillo saliendo y entrando en la casa de Alejandro Sánchez Sánchez, conocida como la casa de Sarratea, inmediatamente se pidió su destitución. Como bien sabemos, la historia que siguió fue bastante compleja, aderezada con más ‘anticuchos’ en el camino.

Años más tarde, un nuevo presidente, más joven y delgado, con gusto por las mujeres en lencería y por lanzar comentarios subidos de tono en redes sociales, ha sido sorprendido en un chifa, manteniendo reuniones con empresarios acusados de corrupción y posiblemente de confabulación en contratos estatales para enriquecerse. A pesar de ello, casi todos lo defienden en el congreso.

En un acto de ceguera impresionante, el presidente del congreso, Fernando Rospigliosi Capurro, quien ha cambiado de partido más veces de las que se pueden contar, declaró: “Le gusta el chifa, déjenlo”. Así es, el mismo que busca la amnistía para militares que asesinaron campesinos; el que solía criticar a Keiko Fujimori hasta que se unió a ella y olvidó su pasado; el que votó por la vacancia de Castillo y hoy ignora lo evidente, o prefiere no verlo.

La verdad es que en este congreso lleno de alianzas cuestionables y amistades convenientes, las decisiones no se toman con la misma ética. Todo es para sus amigos y nada para los demás. Y mientras el país se prepara para elegir a quienes lo saquearán nuevamente —perdón, a la próxima camada de autoridades—, se protesta, se grita y se marcha, pero quienes ocupan la Plaza Bolívar y la Casa de Pizarro permanecen indiferentes.

No hemos visto un grupo político tan corrupto y nauseabundo como el actual. Se saltan las leyes con una impunidad asombrosa. No deberían poder reelegirse ni postularse a ninguna de las dos cámaras del congreso, pues el referéndum de 2018 dejó claro el rechazo del pueblo. Pero a los legisladores no les importa que se hayan gastado casi 340 millones de soles; les resbala. Como solía decir una excongresista, como somos plebe, ni siquiera merecemos su atención.

Dios nos asista, y ojalá no tengamos más congresistas tiktokers, come pollo, roba cable, plancha camisas, cortadores de uñas, bailarinas o tan descarados como los que hoy residen en este Legislativo.

PD: Hace dos días casi me lastimo el pie porque soñé que pateaba un balón en un partido de fútbol y, aún adormilado, terminé pateando mi cómoda.

Con Información de www.diarioelpulso.cl

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