Las demandas salariales, la desigualdad socioeconómica y la debilidad institucional son factores que explican la persistencia de conflictos, lo que nos obliga a replantear la resolución de estos en el contexto de una nueva estructura sindical.
En un entorno caracterizado por las presiones de un nuevo ciclo político y económico, la conflictividad laboral se reafirma como un rasgo estructural del país. La Minuta de Huelgas Laborales 2024 del Observatorio de Huelgas Laborales (OHL) evidencia un incremento sostenido en las paralizaciones, con un mayor número de trabajadores involucrados y un aumento en los días-persona perdidos, lo que pone de manifiesto la ineficacia del sistema chileno para gestionar tensiones en las relaciones laborales.
Según el director del OHL e investigador postdoctoral del Instituto de Ciencias Sociales (ICSo) de la Universidad de O’Higgins (UOH), Domingo Pérez Valenzuela, la tendencia que comenzó en 2006 y se intensificó en 2019 continúa activa debido a causas fundamentales: tensiones entre salarios y ganancias, la persistencia de huelgas tanto legales como extra-legales, y una limitada capacidad institucional para manejar los conflictos de manera formal.
“La huelga se ha convertido en el principal mecanismo histórico para convertir tensiones latentes en acción colectiva. En Chile, el sistema frecuentemente no logra gestionar estas tensiones a través de vías institucionales, lo que explica por qué persisten paralizaciones extra-legales en sectores tanto públicos como privados”, aclara el investigador.
Conflicto sectorizado
En cuanto al contexto macro-regional, Pérez señala que parte de las movilizaciones responde a un patrón territorial asociado al sector agroindustrial en las regiones Metropolitana, O’Higgins y Centro Sur. Este sector, que presenta una alta empleabilidad y es en gran parte feminizado, centra sus demandas en mejoras salariales. Según el analista, esto configura una matriz de conflicto que trasciende el ciclo macroeconómico.
“Las demandas salariales no son meramente coyunturales; parecen reflejar desigualdades laborales, territoriales y de género. En estas regiones, el salario ha sido la única reivindicación constante desde 2010. El ingreso no es solo un aspecto económico, sino una precondición para la autonomía y la dignidad laboral, sobre todo en los sectores agropecuarios predominados por mujeres en Chile”, añade el académico de la UOH.
Escenarios en paradoja
El sociólogo sugiere que, aunque no es posible prever el comportamiento de las huelgas hacia 2026 de manera lineal, existen variables de alerta, como la dinámica económica, el número de trabajadores movilizados y la duración de las paralizaciones. Curiosamente, durante períodos de mayor crecimiento económico, aumenta la posibilidad de conflicto, ya que se amplía el margen para disputas laborales; por ello, el monitoreo se convierte en un factor clave para anticipar escenarios de tensión.
“Los ciclos de huelga no dependen de una sola variable. En tiempos de expansión económica, las partes suelen prolongar la negociación, aumentando la probabilidad de conflicto. Analizar la duración, participación y territorialidad permitirá anticipar escenarios más allá de intentar hacer proyecciones lineales”, indica el Doctor en Geografía como sugerencia operativa.
Subraya además que el país enfrenta también presiones externas de una economía global en desaceleración, inflación persistente y tensiones acumuladas en contextos laborales frágiles, como los que presenta Chile en comparación con otros países industrializados, donde los conflictos suelen disminuir.
“Se puede deducir que algunos países con menos derechos laborales tienden a mostrar una mayor conflictividad laboral, pues los problemas y tensiones de los trabajadores rara vez se resuelven, acumulándose y provocando paralizaciones y huelgas”, concluye el sociólogo.
Hacia una arquitectura sindical
Finalmente, Pérez enfatiza que el verdadero desafío no radica en disminuir la huelga como mecanismo, sino en fortalecer la capacidad institucional para gestionar el conflicto. La persistencia de huelgas extra-legales evidenció una débil estructura sindical que impide equilibrar las negociaciones, especialmente frente a empresas y en sectores con un sindicalismo fragmentado.
“Chile no enfrenta solo un desafío en la frecuencia de huelgas, sino que también se encuentra ante el problema de una arquitectura institucional insuficiente. Sin mesas de negociación efectivas y sindicatos robustos, el conflicto seguirá llevándose a cabo por medios extra-legales. La tarea consiste en dotar al sistema de canales y bases estables que transformen la tensión o las paralizaciones en acuerdos sostenibles para trabajadores, empresas y el Estado”, concluye el director del OHL.
Con Información de www.diarioelpulso.cl
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