En un entorno laboral donde la disponibilidad constante se considera estándar, muchas personas siguen trabajando incluso durante su tiempo libre. Responder correos desde la playa, participar en reuniones «brevísimas» en medio de actividades familiares o sentir una presión continua por estar al día se han vuelto prácticas comunes. Sin embargo, esta falta de desconexión real conlleva serias repercusiones en la salud mental y en la calidad de las relaciones personales.
“La falta de un descanso adecuado impide que el sistema nervioso se recupere. Sin pausas reales, el cuerpo permanece en un estado de alerta constante, lo que provoca desgaste emocional”, señala Pía Mariel, psicóloga de Tarapacá Interclínica. Con el tiempo, esto puede resultar en agotamiento, problemas de concentración, alteraciones del sueño y un deterioro del bienestar psicológico.
Impacto en las relaciones
Las consecuencias no se limitan al ámbito individual. No desconectar del trabajo o evitar las vacaciones también incide negativamente en la dinámica familiar. “Cuando una persona está físicamente presente pero mentalmente absorta en cuestiones laborales, la calidad de sus vínculos con hijos, parejas y seres cercanos se ve afectada. El descanso compartido juega un papel fundamental en la regulación emocional y en el fortalecimiento de relaciones más saludables”, agrega la doctora Mariel.
Más allá del descanso físico y mental, las vacaciones son una oportunidad valiosa para crear recuerdos y experiencias significativas, especialmente en la infancia. Cambiar de rutina, compartir tiempo de calidad y disfrutar de momentos juntos refuerza los lazos familiares y deja marcas emocionales que perduran a lo largo de la vida.
“Para los niños, estos momentos no son meras anécdotas: son esenciales para su sensación de seguridad, pertenencia y bienestar emocional. La falta recurrente de tiempo compartido puede expresarse más adelante en una distancia emocional o conflictos en los vínculos”, explica la especialista de Tarapacá Interclínica. Así, el tiempo no se acumula ni se recupera; se vive en el momento y es recordado por los niños.
El descanso como elemento clave para la salud
No tomarse vacaciones no es una rareza. Organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), han advertido que el estrés laboral crónico es uno de los principales factores de riesgo para la salud mental de los adultos en edad activa, principalmente cuando se combina con jornadas prolongadas y falta de un descanso efectivo.
Desde una perspectiva clínica, el descanso tiene funciones vitales. “Durante las vacaciones, los niveles de estrés disminuyen, se mejora la calidad del sueño y se recuperan procesos cognitivos como la atención, la memoria y la toma de decisiones. Todo esto beneficia tanto el bienestar psicológico como el rendimiento posterior”, explica Nicolás de La Sotta, psicólogo de Cordillera Interclínica.
Sin embargo, no basta con marcar la ausencia en el calendario; la clave está en una desconexión real. Estar revisando mensajes laborales o anticipando tareas pendientes limita los beneficios del descanso. “Desconectarse no significa desentenderse de las responsabilidades, sino reconocer que el tiempo de descanso es parte del autocuidado y del valor que le otorgamos a nuestra salud”, enfatiza el especialista.
Fomentar una cultura que valore las vacaciones beneficia no solo a los individuos y sus familias, sino también a las organizaciones. Los trabajadores que descansan vuelven con mayor claridad mental, motivación y adaptabilidad, lo que reduce el riesgo de errores y promueve entornos laborales más saludables.
“En un contexto donde el cansancio se ha normalizado, tomarse vacaciones y desconectar realmente es una decisión de autocuidado”, concluye el especialista, sugiriendo que se considere “como una pausa esencial para regresar con más equilibrio, presencia y bienestar, tanto en el ámbito personal como familiar”.
Con Información de elmauleinforma.cl








