Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS en la Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de América Latina y el Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG).
Chile enfrenta un proceso de envejecimiento poblacional acelerado y estructural. Actualmente, cerca del 20% de la población tiene 60 años o más, y se proyecta que este grupo continuará creciendo tanto en número como en proporción en las próximas décadas. Este cambio demográfico no solo representa un desafío para los sistemas de salud, pensiones y cuidados, sino que también transforma significativamente el paisaje social, cultural y político del país.
En democracia, los cambios demográficos son cruciales. Las personas mayores no son un grupo pasivo ni marginal: son uno de los sectores más importantes del padrón electoral chileno. En las últimas elecciones, representaron aproximadamente el 27% de los votantes habilitados y consistentemente muestran tasas de participación superiores a las de otros grupos de edad. Votan más, de manera más regular y con un fuerte sentido de responsabilidad cívica.
Este patrón se evidenció nuevamente en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de noviembre de 2025, donde las personas mayores se destacaron como uno de los segmentos con mayor concurrencia a las urnas. A pesar de las barreras de movilidad, tiempos de espera o dificultades físicas asociadas a la edad, su participación fue proporcionalmente mayor que la de los grupos más jóvenes.
Este dato es significativo. Cuando un grupo etario representa cerca de un tercio del padrón electoral y además participa activamente, se convierte en un actor capaz de inclinar el resultado de una elección presidencial. En contextos electorales competitivos, donde las diferencias entre candidaturas son estrechas, el voto de las personas mayores adquiere una importancia estratégica que no puede ser ignorada.
No obstante, este poder electoral coexiste con una realidad preocupante: las personas mayores aún están subrepresentadas en los espacios de toma de decisiones políticas. En las elecciones recientes, menos del 20% de las candidaturas a cargos locales fueron ocupadas por personas de 60 años o más, y su representación disminuye aún más a nivel regional y nacional. Esto crea una paradoja democrática: quienes más participan en el sistema no siempre ven reflejadas sus prioridades, experiencias y visiones en la agenda pública ni en el liderazgo político.
Desde el Centro de Longevidad VITALIS, consideramos que este desequilibrio debe ser abordado de forma explícita. No es suficiente con valorar el voto de las personas mayores durante los períodos electorales; es crucial integrar de manera clara y sostenida sus demandas estructurales (pensiones dignas, salud integral, cuidados a largo plazo, transporte accesible, vivienda adecuada y participación social) en los programas de gobierno, así como fomentar activamente su participación política, incluyendo candidaturas senior y espacios de incidencia reales.
Las personas mayores no solo votan: analizan, comparan propuestas y toman decisiones informadas, a menudo apoyadas en trayectorias de vida marcadas por profundas transformaciones en el país. Su compromiso democrático no es circunstancial; resulta de su experiencia, de derechos conquistados y de una valoración profunda del voto como herramienta de cambio y continuidad institucional.
Las elecciones presidenciales de noviembre de 2025 dejan una enseñanza que ninguna candidatura debería pasar por alto: las personas mayores ya están decidiendo el rumbo político del país. Son numerosas, participan más que otros grupos etarios y ejercen su derecho a voto con convicción, memoria histórica y responsabilidad cívica.
Ante este panorama, los candidatos a la Presidencia de la República de Chile deben ir más allá de hablar sobre las personas mayores; deben comenzar a dialogar con ellas. Reconocer su peso electoral, traducirlo en propuestas concretas y abrir espacios reales de representación no es una concesión, sino una exigencia democrática. En un Chile que envejece rápidamente, quien no comprenda el valor político del voto de las personas mayores no está interpretando la realidad del país.

Con Información de www.diarioelcentro.cl







