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Una mirada económica sobre la quiebra personal en Chile

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Entre enero y noviembre de 2025, 6.223 personas se declararon en quiebra bajo la Ley de Insolvencia y Reemprendimiento, conocida como Ley de Quiebras.

Esto marca un salto de un 47% comparado con el mismo periodo del 2024, según reporta la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento (Superir).

Además, hasta ahora en 2025, 4.180 personas han solicitado renegociar sus deudas bancarias y comerciales, lo que equivale a un aumento del 146% en relación al mismo lapso del año anterior.

Frente a estas cifras, es clave recordar que la quiebra o insolvencia de las personas puede ser un tema legal o administrativo, pero, sobre todo, es un fenómeno económico y social que surge de decisiones individuales tomadas en contextos, muchas veces, adversos. Entender las causas de esta situación es fundamental para avanzar hacia una mejor educación financiera y evitar que más familias pasen por este problema.

Desde una mirada económica, la insolvencia ocurre cuando los ingresos de una persona o familia no alcanzan para cumplir con sus compromisos financieros. En Chile, esto suele asociarse a trabajos inestables, ingresos variables, informalidad y una alta dependencia del crédito para cubrir necesidades básicas. Cuando el endeudamiento se convierte en un recurso permanente, en vez de una solución puntual, el riesgo de problemas financieros aumenta considerablemente.

Otro factor importante es el costo del crédito, dado que las altas tasas de interés y los cobros adicionales hacen que deudas que inicialmente podían parecer manejables se transformen en cargas difíciles de soportar. Esto se complica aún más cuando las personas recurren a múltiples créditos para cubrir deudas anteriores, generando un efecto bola de nieve que termina por afectar la liquidez de cualquier hogar.

La falta de educación financiera juega un rol crucial en este contexto. Muchas personas no tienen las herramientas necesarias para evaluar su capacidad de endeudamiento, entender el impacto de los intereses o anticipar situaciones adversas, como el desempleo o problemas de salud. Así, decisiones que parecen racionales a corto plazo, como usar tarjetas de crédito para gastos diarios, pueden resultar extremadamente costosas a largo plazo.

Desde otro ángulo, durante los períodos de desaceleración económica, este tipo de dificultades tienden a aumentar. Cuando la economía crece poco y hay menos empleo, son los hogares más endeudados los que primero enfrentan la insolvencia. La quiebra personal no debería verse solo como un fracaso individual, sino como un reflejo de vulnerabilidades estructurales en nuestro sistema económico.

Por todo esto, abordar la insolvencia requiere más que solo soluciones legales. Es necesario fortalecer la educación financiera desde temprana edad, promover un uso responsable del crédito y trabajar por mercados laborales más estables. La quiebra puede ser una segunda oportunidad, pero la verdadera solución radica en prevenir que sea la única salida posible.

Gonzalo Escobar – Académico Facultad de Economía y Negocios U. Andrés Bello

Con Información de portalmetropolitano.cl

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