viernes 4 abril 2025
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Santiago

Una derrota que duele el doble.

La perspectiva de Carlos Osses, comentarista deportivo.

Antes del partido, reflejando una situación similar a la anterior, era evidente al observar el once inicial que Víctor Fuentes presentaba en El Salvador que carecíamos tanto de la actitud como de las herramientas necesarias para enfrentar un desafío tan crucial.

Se jugaban seis partidos al mismo tiempo, y la supervivencia de Audax Italiano, O’Higgins, Huachipato, Cobresal, Cobreloa y Unión La Calera estaba en juego. Yo, al igual que muchos aficionados, seguí con atención el encuentro entre O’Higgins y Cobreloa, consciente de que ambos equipos eran los que más luchaban por evitar el descenso. Sin embargo, mientras que en Calama cada jugada se disputaba con fervor, lo que vi de O’Higgins fue la representación de un equipo sin espíritu.

Desde el primer silbato en El Salvador, se hizo evidente que O’Higgins no tenía la intención de ganar. Le concedimos la iniciativa a Cobresal como si no hubiera nada en juego. No había presión, no existía la intención de buscar el triunfo, ni siquiera la chispa necesaria para un momento así. Resultaba desalentador observar a un equipo que parecía haber aceptado su destino antes de que el balón comenzara a rodar.

A pesar de que a los 30 minutos el limitado Arnaldo Castillo, casi sin quererlo, anotó el gol que nos otorgó la ventaja, el equipo no mostró ninguna reacción. Fue un tanto casi fortuito, fruto de una jugada individual y sin cohesión grupal, como si no comprendieran que estaban ganando un partido vital. Cobresal, en contraste, comprendió la trascendencia del encuentro y se lanzó en busca del empate, que llegó poco después debido a un rebote mal gestionado por Carreño. Para ellos, este partido tenía valor; para nosotros, parecía ser solo un mero trámite en la temporada.

En la segunda mitad, O’Higgins continuó mostrando la misma desidia. Cobresal, aun con sus limitaciones, fue superior. Con un poco más de intensidad y precisión, marcaron dos goles adicionales. O’Higgins, en lugar de reaccionar, se sumergió en una apatía dolorosa. No había ideas, ni entusiasmo, ni siquiera la voluntad de correr por el equipo o por los seguidores que viajaron a apoyarlos. Fue una demostración de desidia inaceptable, de un equipo que no parecía sentir el peso de la camiseta ni la urgencia del momento.

Mientras tanto, en Calama, se disputaba un partido con entrega, con nervio y con deseo. Los jugadores luchaban por cada balón como si fuera el último, con la intensidad de quienes realmente quieren mantenerse en la categoría. Presenciar esa entrega, mientras nosotros nos rendíamos en El Salvador, era un contraste alarmante.

Aún queda una última oportunidad para la última fecha, aunque Cobreloa necesitaría una diferencia de ocho goles para superarnos. Sin embargo, O’Higgins no puede darse por seguro con esta actitud.

Contamos con un cuerpo técnico que no ha estado a la altura, jugadores que cada semana demuestran falta de jerarquía y jóvenes que sienten la presión del momento. A pesar de todo, la hinchada —quizás lo único positivo en esta situación— estará presente, apoyando hasta el final. Porque lo que realmente caracteriza a los seguidores de O’Higgins es su amor y lealtad a estos colores.

Nos enfrentamos a una última oportunidad y este equipo debe comprender que salir a la cancha sin espíritu ni motivación es una falta de respeto para cada uno de los aficionados.

Después vendrán los debates sobre quiénes deben quedarse y quiénes deben irse, desde los directivos hasta el cuerpo técnico y los jugadores.

Lo cierto es que esta ha sido la peor campaña de la era Abumohor, y lo más alarmante es que no ha sido solo una gestión deficiente: ha sido una campaña sin corazón, sin compromiso.

Por Dios, qué mal lo han hecho.

El artículo O’Higgins sin corazón: Una derrota que duele doble se publicó primero en El Rancagüino.

Con Información de www.elrancaguino.cl

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