Dr. Emilio Moyano Díaz. Profesor Titular. Universidad de Talca.
Recientemente, hemos participado en varios debates entre los ocho candidatos a la presidencia, siendo el más reciente organizado por ARCHI (Asociación de Radiodifusores de Chile) esta semana, y que llegó a 4.5 millones de oyentes. Sin duda, la radio sigue siendo un medio confiable y accesible para la población, en contraste con la televisión, que a menudo se percibe como estresante debido a su ritmo acelerado y la música de fondo que acompaña las noticias, lo que puede aumentar la ansiedad entre los espectadores.
Durante el debate, se presentaron ideas interesantes que esperemos sean consideradas por el futuro presidente o presidenta para su gestión. Propuestas atractivas incluyen un salario mínimo de 750 mil pesos, eliminar el pago de contribuciones y el IVA en medicamentos, así como la entrega a domicilio de estos. Otras ideas apuntan a mejorar la atención en salud, la calidad educativa, un control más riguroso de la migración y combatir la delincuencia. Sin embargo, el candidato más resiliente hasta ahora, MEO, calificó estas propuestas como un «festival de promesas» ya que no se identifican fuentes de financiamiento. Además, indicó que el debate recordaba a los de los años 90, y que el modelo extractivista actual ya no es suficiente.
Las observaciones de MEO y también las del candidato de extrema izquierda, Artés, quien sostiene que tanto la derecha como la izquierda han mantenido un sistema neoliberal responsable de los problemas actuales, son dignas de mención. MEO fue quien presentó más estadísticas en relación a diversos temas, como vivienda y pobreza entre migrantes, y sus argumentaciones parecieron válidas, especialmente cuando otros, como Kast, la mayoría de las veces carecían de datos. También destacó que Kayser fue el único que, a pesar de hablar con fluidez y claridad, no mostró notas, logrando conectar con la audiencia sin la necesidad de “interpretar” su mensaje. Por su parte, Mc Nichols tuvo el valor de reconocer sus errores, incluso al mencionar un incidente inesperado en el debate.
A pesar de todo, resultó sorprendente que de los ocho candidatos, solo Mc Nichols enfocara su discurso en visiones para Chile hacia el año 2050, sugiriendo la creación de centros de competitividad en universidades estatales y un gran Centro de Innovación en el norte de América Latina.
Lamentablemente, la mayoría de los participantes del debate se centraron en la contingencia. En un país que enfrenta crisis en seguridad sanitaria y alimentaria, así como problemas de delincuencia y pobreza, no se puede avanzar hacia el desarrollo sin una propuesta clara. Es posible que la naturaleza de las preguntas formuladas por los periodistas limitara la profundidad del debate, enfocándose en lo que “preocupa a la gente” en lugar de proponer visiones de futuro.
Un pueblo necesita metas ambiciosas y sueños que lo inspiren. A lo largo de la historia, movimientos como la revolución en libertad o la lucha contra la dictadura se basaron en ideales que unieron a la nación en un propósito común. Es crucial que haya una claridad sobre la dirección que se desea seguir para fomentar la cohesión social.
¿Qué Chile aspiramos construir? Más allá de garantizar empleo y niveles de ingreso adecuados, es fundamental abordar aspectos como la seguridad personal y el acceso a la salud. La interrogante sobre el futuro que queremos para Chile ha estado ausente en el discurso político reciente, donde muchos slogans se han quedado vacíos. El gobierno actual ha dejado de lado sueños y propósitos significativos, convirtiendo algunas aspiraciones en fantasías sin fundamento.
La discusión sobre el futuro del país no ha estado presente en el debate cultural, ni se observa en los planteamientos de los candidatos. Los partidos políticos parecen anclados en un pasado que ya no existe, sin una clara dirección sobre hacia dónde debe actuar el país. Hasta ahora, los intentos de crear una nueva constitución han resultado infructuosos, y la lucha política por el poder ha eclipsado la visión a largo plazo necesaria para el desarrollo. Mientras continúe siendo un buen negocio, es comprensible que los políticos se enfoquen en mantener su posición.
Existen estudios sobre la evolución de sociedades desde 1970 en diferentes partes del mundo, que clasifican a los países según su adhesión a valores materialistas o post-materialistas. El grupo uno se relaciona con la escasez y la búsqueda de estabilidad, mientras que el grupo dos busca la participación ciudadana y condiciones más humanas. ¿En qué grupo ubicaría a Chile hoy? A lo largo de los años, hemos retrocedido del grupo dos al uno, lo que es motivo de reflexión.
En conclusión, es evidente que nuestros líderes no están presentando un sueño motivante para el país, y sin una visión clara, continuaremos avanzando sin rumbo. Ojalá el clima electoral nos inspire a pensar en un país más allá de las preocupaciones inmediatas y nos ayude a construir un futuro mejor.
Con Información de www.diarioelcentro.cl








