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Todo lo que hay que cachar sobre el mosquito que transmite el virus del Dengue, Zika, Chikungunya y la fiebre amarilla.

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La detección de un mosquito en el Aeropuerto de Santiago ha causado revuelo y muchas preguntas. No es cualquier mosquito, sino el Aedes aegypti, reconocido en varias partes del mundo por transmitir los virus del dengue, Zika, chikungunya y fiebre amarilla, que pueden afectar la salud de las personas. Este incidente ocurrió en uno de los principales puntos de ingreso al país, generando preocupación entre la gente. Sin embargo, es clave entender que encontrar un mosquito no significa que haya un brote de enfermedad. Para que eso pase, el mosquito tendría que estar infectado y ser capaz de transmitir el virus a un humano, y hasta ahora eso no ha sucedido en Santiago.

Chile lleva años observando la expansión de estos mosquitos en la región. El aumento de viajes, el comercio internacional y los cambios climáticos han hecho que especies que antes estaban a distancia, ahora puedan moverse fácilmente. El aeropuerto actúa como una puerta de entrada natural. Lo que ocurrió no es una sorpresa, sino un reflejo de la realidad actual.

Tras la detección, las autoridades de salud tomaron medidas rápidamente. El Instituto de Salud Pública confirmó la especie y el Ministerio de Salud activó equipos para revisar el área, eliminar sitios con agua estancada y aplicar medidas de control en lugares necesarios. También se intensificó la vigilancia de los trabajadores del aeropuerto, con el fin de detectar cualquier síntoma relacionado con estas enfermedades a tiempo.

Conocer las características de cada enfermedad es fundamental para detectar señales de alarma y actuar con rapidez. El dengue es probablemente el más conocido. Luego de un periodo de incubación de cuatro a diez días, suele comenzar con fiebre alta, dolores de cabeza intensos —especialmente detrás de los ojos—, dificultades musculares y articulares, náuseas y erupciones en la piel. Aunque generalmente el cuadro mejora, puede complicarse si no se busca atención médica a tiempo. Un dato crucial es que el dengue puede empeorar cuando la fiebre empieza a bajar, momento en el cual pueden aparecer dolores abdominales intensos, vómitos o sangrados leves, que requieren atención médica urgente. El dengue grave puede causar hemorragias, problemas respiratorios y falla de órganos, con una tasa de mortalidad cercana al 2,5% sin el tratamiento adecuado. No hay medicamentos específicos; el tratamiento se enfoca en reposo, hidratación y control de la fiebre.

El virus Zika suele pasar más desapercibido. Cerca del 80% de quienes se infectan no presentan síntomas o solo sienten molestias leves como sarpullido, fiebre baja o dolores musculares. El principal riesgo recae en mujeres embarazadas, ya que puede causar microcefalia y malformaciones congénitas. Además, se ha vinculado al sindrome de Guillain-Barré, una condición neurológica que puede generar debilidad muscular y parálisis temporal. No hay vacuna ni tratamiento específico.

La fiebre chikungunya se destaca por un intenso dolor articular, que puede durar meses o incluso años, afectando seriamente la calidad de vida. Se presenta con fiebre alta repentina, dolor agudo en las articulaciones, cefalea, fatiga y erupciones cutáneas. Al igual que las otras infecciones, no cuenta con tratamiento antiviral específico.

Entre las cuatro enfermedades, la fiebre amarilla es la más grave y potencialmente mortal, pero también la única que tiene una vacuna efectiva. En su fase severa, puede causar ictericia, hemorragias y daño hepático y renal, con una tasa de mortalidad de hasta el 50%. Una sola dosis de la vacuna brinda protección de por vida, por lo que es obligatoria para quienes viajan a zonas endémicas.

La reacción ante la noticia del aeropuerto debe ser equilibrada. No se trata de causar pánico, pero tampoco de minimizar lo que ha pasado. Estamos en un mundo donde los problemas de salud se propagan rápidamente, y la vigilancia es fundamental.

Este episodio nos deja una lección importante: el Aedes aegypti no necesita grandes cantidades de agua para reproducirse. Puede hacerlo en un balde, un florero o un plato de macetero. Por ello, la prevención no depende solo del Estado, sino también de acciones diarias en nuestros hogares, como eliminar recipientes con agua, cambiar regularmente los floreros y mantener los contenedores tapados.

La información clara es fundamental. Reconocer los síntomas, entender cómo se transmiten estas enfermedades y actuar con responsabilidad nos permite enfrentar estas situaciones sin generar alarma, pero con seriedad. El mosquito detectado no representa una amenaza inmediata, pero sí un recordatorio de que la salud es una responsabilidad compartida. La prevención comienza en cada hogar.

Por Claudio Cabello
Director del Centro de Investigación de Resiliencia a Pandemias
Universidad Andrés Bello

Con Información de portalmetropolitano.cl

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