incansable - ChileLindo https://chilelindo.org Noticias de todo Chile Wed, 08 Jul 2026 00:05:13 +0000 es-CL hourly 1 https://chilelindo.org/wp-content/uploads/2026/07/cropped-Chilelindo-1-32x32.png incansable - ChileLindo https://chilelindo.org 32 32 Alicia continúa demostrando su incansable dedicación al trabajo https://chilelindo.org/2026/07/08/alicia-continua-demostrando-su-incansable-dedicacion-al-trabajo/ https://chilelindo.org/2026/07/08/alicia-continua-demostrando-su-incansable-dedicacion-al-trabajo/#respond Wed, 08 Jul 2026 00:05:13 +0000 https://chilelindo.org/2026/07/08/alicia-continua-demostrando-su-incansable-dedicacion-al-trabajo/ La actividad de Alicia Lira en defensa de los derechos humanos se extiende por tres décadas. Su trayectoria comenzó con la detención de su hermano, quien fue torturado en las prisiones clandestinas de la dictadura, y posteriormente con el arresto de su esposo, Felipe Rivera, conocido como “el Mao”. Alicia presenció la detención de su esposo y al día siguiente tuvo que concurrir al Servicio Médico Legal para comprobar que había sido ejecutado por represores del régimen. Tiempo después, cuando le fue permitido, exhumó sus restos, los cremó y los llevó al mar.

Obrera textil de familia modesta, Lira conoció las prácticas represivas de la dictadura militar: desapariciones, torturas y secuestros. Experimentó también cómo el Poder Judicial protegía a los represores mientras daba la espalda a las víctimas. Sin embargo, presenció el coraje de los familiares que recorrían tribunales en busca de verdad sobre sus seres queridos.

Frente a millones que guardaban silencio, Alicia alzó la voz. Sus demandas eran claras: investigar qué ocurrió con su esposo, identificar quiénes lo arrestaron, torturaron y ejecutaron, y asegurar que fueran sancionados. Según informes Rettig y Valech, la dictadura dejó aproximadamente 3.343 víctimas entre ejecutados y detenidos desaparecidos, lo que significa que alrededor de 16 mil familiares, como mínimo, vivieron padecimientos similares a los de Alicia.

En la actualidad, Alicia rechaza firmemente los beneficios carcelarios otorgados a violadores de derechos humanos. Insiste en que se divulgue información sobre los detenidos desaparecidos y se conozca la verdad sobre los ejecutados políticos. Continúa exigiendo verdad y justicia por los crímenes de la dictadura, movida por el respeto hacia sus compañeros caídos.

Con la llegada del Gobierno de Sebastián Piñera llegaron también libertades e indultos para represores, lo que renovó las sospechas de que se buscaba instalar el olvido y la impunidad. La designación de Mauricio Rojas como ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio generó rechazo cuando este calificó al Museo de la Memoria como un “entuerto de la izquierda”. Alicia sintió profundamente estas palabras, pues la ejecución de su esposo y sus compañeros nada tiene de ficticio.

Junto a cientos de familiares, ha tenido que luchar contra conceptos como justicia “en la medida de lo posible”, contra medidas favorables a las Fuerzas Armadas y Carabineros, contra el negacionismo de la derecha, contra la indiferencia mediática y contra el olvido. Ahora enfrenta argumentos sobre la edad y enfermedad de los represores para justificar su liberación de las cárceles. “Esa dignidad que tienen y han tenido los familiares de torturados, ejecutados, secuestrados, no la tienen los criminales, porque hoy se victimizan, dicen que están enfermos, seniles”, afirmó en una entrevista.

La lucha de Alicia y cientos de familiares es eterna, pues la verdad sigue sin asomar y algunos buscan mantenerla resguardada en la impunidad. En medio de casos de corrupción en instituciones uniformadas como el Milicogate y el Pacogate, surgen nuevas demandas del movimiento de mujeres, el pueblo mapuche, estudiantes y causas internacionales. Su batalla ha encontrado espacio en la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), que persevera y renace cada vez que la conciencia del país se remueve ante los crímenes de la dictadura y la necesidad de verdad y justicia.

La lucha por los derechos humanos de Alicia Lira trasciende las fronteras chilenas. Como dirigenta de la AFEP, forma parte de los observadores por el cierre de la Escuela de las Américas, es miembro del Consejo Mundial por la Paz y aboga por la entrega de la base militar de Guantánamo a Cuba. También apoya la lucha del pueblo palestino. En septiembre de 2017, fue invitada por la organización “Addameer” para observar la situación de prisioneros árabes bajo la ocupación israelí, expresando que “el pueblo palestino está más desamparado que nosotros en dictadura”.

Ha trabajado sin descanso en denunciar violaciones a derechos humanos en países de América Latina, investigando e insistiendo en la justicia y los debidos procesos contra fuerzas militares y policiales del continente. En septiembre de 2017, recibió el “Premio Paz 2017” de la Unión Dominicana de Periodistas por la Paz, como reconocimiento a sus “extraordinarios aportes a la paz y al respeto de los derechos humanos”. Este premio, otorgado por unanimidad, se ha entregado solo a veinte figuras internacionales, entre las que figuran el comandante Fidel Castro y Nelson Mandela. “Se me puso la piel de gallina cuando supe”, expresó Alicia al enterarse del galardón.

Al recibir el reconocimiento, señaló: “Es un reconocimiento a mi trabajo como persona y al trabajo que ha hecho la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos como parte del Observatorio por el cierre de la Escuela de las Américas y el aporte que se realiza por la paz mundial y en defensa de los derechos humanos”.

Alicia Lira nació en Concepción y creció en Plegarias, localidad vinculada a la explotación de la minería del carbón. Su madre era militante comunista que se trasladó al lugar con más de doce hijos. Recuerda a su madre como trabajadora y comprometida, que organizaba ollas comunes para ayudar a trabajadores y sus familias. En ese ambiente de solidaridad creció Alicia, aprendiendo la importancia del trabajo colectivo. Militó en las Juventudes Comunistas (JJCC) junto a su hermano Diego, a quien describe como “generoso, franco, libre, amigo y gran compañero”.

Ya en Santiago, Alicia trabajó en el rubro textil en el sector de Vicuña Mackenna. Fue en las Juventudes Comunistas donde conoció a Felipe Rivera, el “Mao”, quien era jefe del equipo de autodefensa de las JJCC. Se casaron el 26 de febrero de 1970 y participaron activamente en la campaña presidencial de Salvador Allende y posteriormente en el Gobierno de la Unidad Popular. Tras el Golpe de Estado, “resistimos la dictadura desde el primer día”, cuenta Alicia.

En 1986 llevaron detenido a su hermano Diego, quien estuvo preso durante tres años siendo cruelmente torturado. Al día siguiente del atentado contra Augusto Pinochet, en represalia, agentes de la CNI secuestraron y asesinaron a cuatro opositores del régimen: Felipe Rivera, el periodista José Carrasco Tapia, Gastón Vidaurrázaga y Abraham Muskablit.

Alicia relató: “Esa noche el negro estaba sentado en la cama, llegan los agentes y le dicen: ‘Felipe, el Partido Comunista y el Frente te necesitan’. Ahí él les dijo, ‘no, nada que ver, ustedes están mintiendo'”. Prosiguió: “El negro era muy valiente, muy porfiado, y en ese instante me dice ‘anda y avísale a la vecina’, y ahí supe que lo iban a matar. Cuando salgo corriendo llega un tipo, me agarra y me tapa la boca. Cuando se lo llevan corro detrás de los autos, pero no vi nada porque los vidrios eran polarizados”. Agregó que “siempre supimos que nos podía pasar algo así, y si nos pasaba, siempre mantenernos con la dignidad al frente”.

Este fue uno de los hechos más trascendentales en la vida de Alicia, pues producto de ello llegó a la AFEP e inició su lucha por verdad y justicia. “Soy una obrera, una dirigenta social, que he trabajado con tantos compañeros y compañeras en tantos trabajos colectivos, entonces me siento muy emocionada. Además siento que es una señal personal, porque siempre he tratado de hacer lo mejor posible con mi convicción y compromiso”, sostuvo.

En una entrevista, evocó a compañeros caídos: “Cuando empezó la dictadura mataron a tantos compañeros de la Jota, amigos míos queridos y de mi esposo, como el ‘Checho’ Weibel, María Teresa Barahona, Cristina Carreño, su padre Alfonso Carreño. También me acuerdo del ‘Lolo’ Vizcarra, de Leandro Arratia. Todos ellos se me vienen al recuerdo y me hacen sentir mucho orgullo, por eso me siento con más fuerzas que nunca para seguir con esta bandera de lucha hasta el final, porque cada uno de ellos lo merece”.

Durante 2017, Alicia recibió otros reconocimientos. La Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) la nombró socia honoraria, y fue reelecta como presidenta de la AFEP. “Para mí siempre es hermoso ser reelecta como presidenta, cada dos años, por la mayoría de mis compañeras de la asamblea de la agrupación, porque eso habla del cariño, de la confianza y del respeto que me tienen. En el acto de homenaje a Tucapel Jiménez me nombraron como socia honoraria de la ANEF, su presidente, Carlos Insunza, me entregó ese reconocimiento por mi trabajo. Ese reconocimiento de los trabajadores del Estado me llena de felicidad porque ante todo soy obrera”, destacó.

Cuando se pregunta si Alicia ha flaqueado en algún momento, reconoce que sí se cansa, pero nunca lo suficiente para abandonar la lucha. “He llorado, he pataleado, le he pegado al muro de pura indignación, porque en la dictadura todos caminábamos para un lado y después la misma gente mira para otro lado. Han sido obsecuentes con los gobiernos y eso me indigna. Pero siempre pienso en los rostros que llevo en mi mente y en mi corazón, me acuerdo de las compañeras familiares de detenidos desaparecidos, en todos los que cayeron y sobre todo con mi negro en el corazón y con mi hermano Diego que fue torturado durante tres años de detención, así que ellos me dan fortaleza para no perder el enemigo que es la derecha”.

Continuó: “Recuerdo todas las luchas que hemos dado desde participar activamente para alcanzar nuestros sueños con el Gobierno de la Unidad Popular, después la resistencia contra la dictadura. Cuando me siento mal, triste, trato de salir adelante, porque jamás bajaré los brazos en memoria de los hombres y mujeres que quedaron en el camino que se merecen que trabajemos por ellos. Debemos asegurar el Nunca Más y eso pasa por la verdad y la justicia plena. Seguimos adelante con la fortaleza de siempre, uniendo, sumando, pero jamás bajando la cabeza”.

Alicia Lira no se cansa.

Con Información de elsiglo.cl

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