Por Antonieta Muñoz Quilaqueo, profesora de Educación Técnico Profesional en la Universidad Austral de Chile, diplomada en Patrimonio Cultural Inmaterial por la Universidad de Chile, candidata a Magíster en Políticas y Gestión Educacional en la Universidad de Talca, y miembro del Comité de Educación en FEGACH.
El sistema de admisión escolar abre puertas, pero la vocación se construye a través del acompañamiento, la orientación y la experiencia de aprender haciendo.
A menos de dos semanas del cierre del Sistema de Admisión Escolar (SAE), miles de estudiantes y sus familias aguardan el resultado de una decisión crucial: su ingreso al liceo donde desean continuar su formación. Para muchos, la Educación Media Técnico Profesional (EMTP) surge como una opción real, llena de expectativas y oportunidades. Sin embargo, aunque el sistema permite el acceso, no aborda un aspecto fundamental: la vocación.
El SAE democratiza el proceso de postulación, eliminando barreras de selección y asegurando igualdad de condiciones. Hoy, cualquier estudiante tiene la posibilidad de optar a un liceo técnico, pero esto no implica que cuenten con un proyecto vocacional claro. Muchos jóvenes ingresan a la EMTP sin una comprensión plena de lo que implica aprender un oficio o una especialidad. Algunos lo hacen porque no encontraron un lugar en otra modalidad, y otros, atraídos por la promesa de mayor empleabilidad. Así, el acceso formal al sistema no siempre coincide con el desarrollo de un camino significativo.
La vocación no es un punto de partida, sino un proceso que se nutre en la experiencia educativa. En talleres, prácticas y en la interacción cotidiana con docentes y compañeros, los estudiantes descubren habilidades e intereses que no conocían. La labor pedagógica de la EMTP radica en crear espacios donde puedan experimentar, aprender de sus errores y perseverar, hasta entender que lo que han aprendido tiene un propósito tanto personal como comunitario.
El rol del docente resulta esencial. Más allá de transmitir conocimientos, acompañamos a los estudiantes en su búsqueda vocacional. Una palabra de aliento, una orientación adecuada o un proyecto bien guiado pueden inspirar la confianza necesaria para que un estudiante abrace un oficio como un camino de vida. Este liderazgo pedagógico transforma la decisión tomada en el sistema en una experiencia rica en significado.
La orientación vocacional es, además, un eje fundamental desde los primeros años de la EMTP. No basta con la decisión realizada por las familias en el SAE. Es necesario proporcionar información clara, pertinente y asociada al entorno: especialidades, proyecciones laborales y contribuciones al desarrollo local. Comprender que campos como la gastronomía, el turismo o las energías renovables pueden impactar positivamente en la comunidad ayuda al estudiante a dar sentido a su proceso formativo.
El acceso igualitario es un avance innegable, pero solo la construcción de la vocación humaniza la experiencia educativa. Un liceo que se limite a ofrecer contenidos técnicos abrirá poco camino para trayectorias plenas. En cambio, una escuela que prioriza el acompañamiento, la confianza y la exploración de intereses brinda la oportunidad de convertir la decisión inicial en un compromiso vital.
La relación entre el SAE y la vocación es complementaria: el sistema asegura la equidad en el ingreso, pero corresponde a la escuela y sus educadores guiar la definición del proyecto de vida.
La misión de la EMTP no se limita a la inscripción de estudiantes; su propósito es formar personas que encuentren en su oficio un sentido que les permita desarrollarse y contribuir a la sociedad.
Elegir a través del SAE puede ser el inicio. Descubrir la vocación con el apoyo de docentes es el verdadero destino.
Con Información de www.diarioelcentro.cl








