Por Cristian Álvarez
En los últimos años, a pesar de los desafíos, han emergido emprendimientos exitosos, especialmente en el ámbito de la ciencia y tecnología. Muchas de estas iniciativas han tenido un impacto significativo en el mercado, ofreciendo soluciones que han facilitado la vida a quienes las utilizan.
Y el propósito de este trabajo es visibilizar las empresas y productos que han marcado la pauta a nivel nacional. Aquí entra el libro “Innovadores Científicos Chilenos: La Conquista de un Nuevo Mundo”, escrito por el biólogo Anil Sadarangani, publicado por la editorial “Catalonia”. Este texto destaca cómo científicos y emprendedores de Chile han desarrollado iniciativas exitosas que abarcan desde la alimentación hasta la biotecnología, la inteligencia artificial y las energías renovables, inspirando a quienes buscan impulsar sus propios proyectos, especialmente en este rincón del mundo.
A través de un cuestionario enviado, el autor, que cuenta con estudios de posgrado en el extranjero, nos compartió los detalles de su obra, lo que lo motivó a escribirla, y el impacto que estas innovaciones han tenido en el desarrollo científico y económico de Chile.
¿Cómo nació la idea de realizar este libro?
–“Nació como un ejercicio académico: quería mostrar a mis estudiantes ejemplos concretos de negocios que provienen del ámbito científico, para demostrar que se puede emprender a partir del conocimiento. A medida que avanzaba en la investigación, me di cuenta de que estas historias necesitaban más visibilidad. En Chile se está haciendo ciencia de frontera, con un impacto a nivel global, que muchas veces no se reconoce. Este libro busca poner en la palestra a los protagonistas que están atravesando la frontera entre el laboratorio y el mercado, resolviendo problemas reales a partir de un conocimiento profundo”.
¿Por qué elegiste estos ejemplos para el libro?
–“Seleccioné estos casos porque representan ciencia nacional que ya no está solo en el ámbito teórico: muchos están en fase de comercialización, en pruebas clínicas de fase 2, o tienen tecnologías listas para escalar. Son ejemplos claros de cómo la ciencia puede convertirse en soluciones aplicadas, generando impacto económico y social. Además, abordan diversas áreas —desde salud hasta energía—, lo que refleja el potencial científico-emprendedor del país”.
¿En qué se diferencian o se asemejan esta nueva generación de emprendedores científicos con la actual generación empresarial?
–“Ambos buscan resolver problemas, pero los científicos-emprendedores lo hacen desde la evidencia y la validación rigurosa. Tienen una visión a largo plazo, basada en un entendimiento profundo de fenómenos complejos. En cambio, el empresario tradicional a menudo responde a una oportunidad de mercado inmediata. Sin embargo, también comparten características como la capacidad de adaptación, el liderazgo y una visión estratégica”.
¿Cuál de los ejemplos te sorprendió más?
–“Todos los casos tienen algo especial, pero Phage Lab me sorprendió en particular. Usar bacteriófagos —virus que eliminan bacterias resistentes a antibióticos— es no solo una solución brillante, sino una respuesta urgente a una crisis sanitaria global. Que esta innovación esté surgiendo desde Chile, con proyección internacional, es un gran ejemplo de cómo la ciencia local puede tener un alcance global”.
En tu investigación, ¿hay más esfuerzo privado o apoyo estatal en el despegue de estos emprendimientos?
–“La mayoría de estos proyectos nacen gracias a un ecosistema mixto. Las universidades y los fondos públicos —como ANID, FONDEF, CORFO— han sido claves en las etapas iniciales. Sin embargo, al momento de escalar, la inversión privada y la visión del equipo son cruciales. En resumen, el impulso comienza con apoyo estatal, pero se solidifica con esfuerzo privado y mucha perseverancia”.
¿Son transversales socialmente o están dirigidos solo a personas de altos ingresos, estos emprendimientos científicos?
–“Varios de estos proyectos tienen un enfoque social claro: buscan mejorar la salud pública, el acceso al agua o resolver problemas ambientales. Aunque su entrada al mercado a veces empieza en nichos más altos por razones de costos o regulación, muchos de ellos persiguen democratizar el acceso a soluciones complejas. La ciencia, bien aplicada, puede ser inclusiva”.
¿Qué hay de verdadera innovación o de fórmulas ya probadas en la gestión de estos emprendimientos?
–“Hay mucha innovación científica, pero en la gestión se mezclan aprendizajes del mundo empresarial con un desafío único: gestionar talento altamente calificado y procesos de validación exigentes. En este contexto, el 90% del éxito depende de la gestión y solo un 10% de la creatividad científica. Saber liderar, comunicar, negociar y formar alianzas es lo que finalmente permite que una buena idea científica se convierta en un emprendimiento exitoso”.
¿Estas innovaciones tienen futuro a nivel internacional?
-“Sin duda. Muchas de estas soluciones nacen desde Chile con una mirada global desde el inicio. Algunos ya están operando en mercados internacionales o avanzando en regulaciones externas. La ciencia no tiene fronteras y, cuando se combina con visión estratégica, puede escalar y competir a nivel mundial”.
¿Cuáles consideras que son las claves del éxito de estos emprendimientos?
-“En el capítulo 3 del libro presento un modelo que resume los elementos comunes de los emprendimientos científicos exitosos en Chile, basado en el análisis de los casos presentados. Este modelo permite visualizar cómo distintos factores se articulan para que la ciencia genere impacto. Si tuviera que destacar tres claves fundamentales, serían: la perseverancia, la gestión de equipos multidisciplinarios y el propósito.
Emprender desde la ciencia toma tiempo, requiere resiliencia y no se hace en solitario. Los equipos exitosos son aquellos que logran juntar el rigor científico con la agilidad emprendedora. Además, el liderazgo y la coordinación de talentos diversos —científicos, gestores, diseñadores, expertos en regulaciones— son lo que permite avanzar. Finalmente, cuando hay una misión clara —como curar una enfermedad, proteger el medio ambiente o mejorar vidas— ese propósito se convierte en una brújula que orienta y motiva a seguir adelante, incluso en los momentos difíciles”.
¿Qué deben aprender de estos ejemplos los emprendedores y científicos del futuro?
-“Estos ejemplos deben ser una fuente de inspiración y una invitación a soñar en grande. Demuestran que desde Chile se puede hacer ciencia de nivel mundial, con un impacto real, y que el conocimiento puede ser motor de una nueva economía basada en el talento, la creatividad y la evidencia.
Pero más allá del ecosistema emprendedor, este libro también busca motivar vocaciones. Ojalá más niños y niñas se animen a estudiar carreras científicas al conocer estas historias, y entiendan que también pueden ser protagonistas del futuro. Necesitamos que nuestros emprendedores científicos sean reconocidos, valorados y admirados por la sociedad, al igual que admiramos a nuestros futbolistas o deportistas destacados. Solo así construiremos una cultura que celebre el conocimiento, la innovación y el aporte al bien común”.

Con Información de radioportales.cl







