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Reflexión sobre la dignidad y el indiscutible valor de la mujer.

Con gran alegría y renovado espíritu, este domingo 8 de diciembre celebraremos a la Virgen María en su Inmaculada Concepción. En este día, escucharemos la Palabra de Dios, que al igual que la Virgen, debemos acoger con atención y fe. La primera lectura nos relatará cómo, desde los inicios de la creación, junto al pecado de nuestros primeros padres, también se encuentra la promesa de salvación hecha por Dios, que llegaríamos a recibir a través de una mujer.

Las imágenes de la Virgen Inmaculada la representan, radiante y hermosa, pisando una serpiente. A menudo, sacerdotes y catequistas deben responder preguntas, particularmente de los niños, como: ¿por qué la Virgen está pisando una culebra? La respuesta es clara: Ella es la victoriosa sobre el demonio, la que triunfó sobre el mal. Es la única criatura sobre la cual el demonio no tuvo poder en ningún momento de su existencia.

¡El enemigo de Dios ha sido vencido por una mujer!

Les invito a que, con la mirada pura de la Virgen, contemplemos en esta festividad a cada una de nuestras mujeres: madres, esposas, hermanas, amigas y religiosas que nos acompañan en nuestro caminar por la vida…

En la Sagrada Escritura hallamos ejemplos de muchas mujeres que nos dan testimonio de fe y fortaleza: Ana, Judith, Esther, la madre de los Macabeos, Isabel, Magdalena y, por supuesto, María.

El Señor Jesús, con sus palabras y acciones, resalta la dignidad y el valor indiscutible de la mujer. Habló con ellas (la samaritana), mostró compasión hacia la pecadora (Magdalena), las sanó (la hemorroisa), las reivindicó en su dignidad (la mujer sorprendida en adulterio), las eligió como las primeras testigos de su resurrección, e incluyó a mujeres en su círculo más cercano: Magdalena, Juana (mujer de Cusa), Susana, entre otras.

Si observamos la realidad actual de nuestras parroquias, nos damos cuenta que la gran mayoría de quienes participan son mujeres. A menudo, echamos en falta una mayor presencia masculina y un compromiso más decidido de los varones con las cosas de Dios.

Queremos proclamar que la significativa presencia de mujeres en la vida de fe no es una debilidad de la Iglesia, sino una fortaleza tanto para ella como para la humanidad. Una mujer colmada de Dios es un instrumento poderoso para derrotar al demonio y al mal que nos acechan.

Junto con los obispos de Aparecida, damos gracias a las mujeres en nuestras comunidades, por ser las primeras transmisoras de la fe y colaboradoras clave en la labor pastoral.

Gracias a las mujeres catequistas, a quienes visitan a los enfermos; gracias a las que se preocupan por la belleza y el ornato de nuestras iglesias y capillas; gracias a las cristianas que trabajan como secretarias en nuestra iglesia y representan su rostro; gracias a las que participan en tantos voluntariados y en la ayuda fraterna; gracias a las esposas, madres, hermanas y abuelas; gracias a las mujeres religiosas; gracias a las jóvenes, adultas y ancianas que, con su dedicación y entrega, hacen la vida de todos más hermosa.

Hoy, mirando a la Virgen, a la llena de gracia, a la bendita entre todas las mujeres, aspiramos a mirar y tratar a cada mujer con los ojos de Jesús.

Queridos hombres: si hay una mujer en tu vida –tu esposa, madre, hija, hermana o amiga–, respétala, apóyala, trátala con cariño y agradécele. Recuerda que Dios te preguntará cómo trataste a quien comparte tu dignidad y ha estado a tu lado. Que, con los ojos de Jesús y José, aprendamos a mirar a cada mujer.

A ti, mujer, ya seas mayor, adulta, joven o niña, te recuerdo que no debes olvidar que la maternidad es una noble misión que te corresponde. No olvides que en el hogar eres insustituible en la educación de los hijos y en la transmisión de la fe. Esto no entra en conflicto con tu desarrollo profesional, pues, junto al hombre, estás llamada a mejorar la Tierra. Sin embargo, recuerda que hay cosas que solo tú, como mujer, puedes hacer y dar, y aprendiendo de María, puedes llegar a ser una mujer excpecional.

No olvides que, desde siempre, el demonio te acecha, como hemos escuchado en la primera lectura; el demonio sabe lo valiosa que eres. Por el bien de la humanidad, no seas como Eva que escuchó al demonio, no dejes que la mentira y la intriga te dominen; cuando una mujer sufre o es dañada, muchos también sufren por su falta de cariño y entrega.

Mujer, tu modelo es María: así como Ella escucha la Palabra de Dios, cree que Dios te invita a realizar grandes obras; no dudes de su amor y poder hacia ti.

Mira a María: ¡qué libertad para responder, qué generosidad para servir, qué fortaleza en tiempos difíciles, qué esperanza activa, qué humildad cautivadora y qué gran belleza en su alma!

Mujer, aprende a defenderte, exige respeto, fórmate para conocer tus derechos y para servir mejor. Protégete con la coraza de la fe y lucha por cuidar de aquellos que el Señor te ha confiado.

Mujer, continúa con la misión de erradicar el mal; que tu generosidad, capacidad de perdón, empatía, sacrificio y tu habilidad para rezar y esperar en Dios, contribuyan a desdibujar la fuerza del demonio y del mal en el mundo.

Mujer, al igual que María, pisas la cabeza del demonio; elige siempre el bien, elige la verdad y derrota al demonio que trae la muerte, opta siempre por la vida.

Gracias, Virgen María, porque en ti cada mujer encuentra su ideal.

Gracias a ti, mujer, por saber mirar a María y por querer aprender de ella.

Este 8 de diciembre, en La Compañía y en Puquillay, así como en todas nuestras comunidades, celebremos las glorias de María y, junto a ella, agradezcamos y oremos por cada mujer que acompaña nuestras vidas.

Virgen María, Madre del Señor, danos silencio y paz para escuchar tu voz.

Dios sea bendito.

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua

Con Información de www.elrancaguino.cl

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