Metropolitana

«¿Qué tan de verdad es el alivio?» por Cristian Martinez-Villalobos

En 2023, con un evento de El Niño moderado, los embalses de la zona central de Chile empezaron a llenarse luego de varios años al borde del colapso.

Después de 15 años, tuvimos un primer año con niveles de lluvia “normales”, superado por el 2024, que fue el primer año en mucho tiempo con un superávit generalizado.

Muchos celebraron que parece que ya se acabó la “megasequía”. Pero mientras los cerros se llenaban de verde por un rato, a nivel mundial las temperaturas seguían rompiendo récords, y los incendios en Chile volvían a asomarse con fuerza.

Esto nos deja con la pregunta: ¿Estamos saliendo de la sequía? ¿Es esto un pequeño respiro?

Aunque las lluvias varían de un año a otro, las proyecciones climáticas para la zona central son claras: a largo plazo, se proyecta una disminución de las precipitaciones y un aumento sostenido de la temperatura.

Este aumento podría ir de 0.5 a 5 grados más, dependiendo del escenario de emisión de gases de efecto invernadero que sigamos como humanidad.

Con más calor, el suelo se queda sin agua más rápido por evaporación, las plantas transpiran más y el umbral para el estrés hídrico se alcanza antes, incluso si la lluvia no baja tanto.

En la práctica, esto significa temporadas más secas, contribuyendo a la desertificación del territorio, aunque los milímetros anuales no bajen drásticamente.

El aumento generalizado de la temperatura también implica un incremento en la frecuencia y duración de las olas de calor, documentadas en observaciones recientes, que agravan esta sequía térmica.

Y cuando el estrés térmico se junta con la vegetación seca, el riesgo de incendios forestales se dispara, como vimos en las temporadas de incendios intensos de la última década (2017 y 2023).

En muchos casos, la vegetación nativa no se recupera rápidamente tras incendios severos, dejando suelos más vulnerables a la erosión.

Así, el proceso de desertificación puede avanzar a pesar de episodios lluviosos intermedios.

Paradoja: el aumento de dióxido de carbono, que es la principal causa del cambio climático, podría estar ayudando a algunas plantas a usar el agua de forma más eficiente.

A nivel global, algunos estudios satelitales han detectado zonas áridas que han reverdecido, atribuyéndolo parcialmente a este efecto de “fertilización” por CO2.

Sin embargo, en la zona central de Chile, este fenómeno no está bien documentado, y los cambios recientes en la vegetación responden más a la variabilidad de las lluvias que a una mejora estructural positiva.

Confundir alivios momentáneos con recuperación estructural es un error que puede salir caro.

Cristian Martínez-Villalobos.

Académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias e Investigador asociado en Data Observatory.

Universidad Adolfo Ibáñez.

Con Información de portalmetropolitano.cl

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