Diego Palomo. Universidad de Talca.
Estimado Director:
Me permito distraer brevemente la atención de sus lectores con una reflexión sobre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Considero que en un país maduro (y aclaro que esto no tiene relación con la situación en Venezuela), elegir a un/a presidente/a no debería ser una decisión basada en el “mal menor”, sino en una elección real entre buenas propuestas que sean viables, razonables y que convoquen a la ciudadanía. Si la votación se convierte en una mera estrategia para evitar que gane alguien considerado peor, el sistema político habrá fallado desde antes de la votación del 14 de diciembre.
Sin querer dramatizar, esta situación podría indicar que nuestra democracia presenta ciertas debilidades. Una democracia saludable no debería forzar a la mayoría a elegir entre dos candidatos indeseados.
Una democracia robusta, aunque puedo estar equivocado o ser excesivamente idealista, es aquella que previene que lleguen lejos personajes incapaces, radicales, ideológicos, confrontativos, populistas o autoproclamados “salvadores” del país, que basan su discurso en el miedo y la frustración, o que solo ofrecen propuestas emocionales.
Cuando votar se realiza con entusiasmo y no con resignación, la política deja de ser un “show vacío” y se convierte en una herramienta útil para construir un país que merezca ser legado a las siguientes generaciones.
Aunque ahora pueda parecer tarde, es importante tener en cuenta esta reflexión para el futuro. Los países serios no se limitan a “cruzar los dedos” esperando la llegada de un buen candidato/a. Desarrollan y fortalecen reglas e instituciones que previenen el conformismo con opciones poco satisfactorias. La esencia está en las normas y las instituciones, que no son sinónimo de rigidez o inacción.
Al igual que los juncos, una democracia saludable no necesita rigidez para ser fuerte; requiere raíces sólidas. Serán las reglas claras y las instituciones firmes las que sostengan el sistema, incluso cuando enfrenten vientos adversos. Si cada elección se convierte en un juego de apuestas, es un indicativo de que algo no estamos haciendo bien.
Con Información de www.diarioelcentro.cl








