En compañía de una delegación diversa de parlamentarios, ministros de Estado, la representante permanente de Chile ante la ONU, Paula Narváez, y la expresidenta Michelle Bachelet, el Mandatario anunció la nominación de Bachelet para la Secretaría General de las Naciones Unidas.
El Presidente de la República hizo un llamado a actuar con urgencia para poner fin a los conflictos en Gaza y Ucrania, subrayó la necesidad de soluciones concretas ante la crisis climática y reafirmó el potencial de la democracia para resolver disputas. Asimismo, reiteró la propuesta de Chile para que la secretaría del acuerdo BBNJ, que busca expandir la gobernanza oceánica, se instale en Valparaíso.
El martes 23 de septiembre, desde la sede de la ONU en Nueva York, el Presidente Gabriel Boric Font participó en la 80° Asamblea General de las Naciones Unidas. A su lado estaban los ministros de Relaciones Exteriores, Alberto van Klaveren; de Desarrollo Social y Familia, Javiera Toro; de la Mujer y la Equidad de Género, Antonia Orellana; y del Medio Ambiente, Maisa Rojas; así como el embajador de Chile en Estados Unidos, Juan Gabriel Valdés; la expresidenta Michelle Bachelet; la representante permanente de la Misión de Chile ante la ONU, Paula Narváez, y parlamentarios de diversas corrientes políticas, incluyendo al presidente del Senado, Manuel José Ossandón, y varios senadores y diputados.
A continuación, el discurso del Presidente Gabriel Boric Font:
Distinguida presidenta, miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas, pueblos del mundo:
Ocho décadas han pasado desde la fundación de las Naciones Unidas y, igualmente, desde que Gabriela Mistral, una mujer chilena del valle del Elqui, recibió el Premio Nobel de Literatura. Su voz, como poeta, docente y diplomática, sigue resonando en nuestra nación y en el mundo.
Aquí en Nueva York, en 1955, el embajador chileno José Maza leyó el Mensaje sobre los Derechos Humanos de Gabriela Mistral, que decía: “Sería feliz si vuestro noble esfuerzo por los derechos humanos fuese abrazado por todas las naciones del mundo. Este triunfo será el más grande de nuestra época.”
¿Hemos alcanzado ese triunfo?
La respuesta es clara: No.
Ya no sé qué más decir sobre Gaza, muchos lo han expresado. Pero más allá de las palabras, resuenan las miradas perdidas de quienes, siendo inocentes, han muerto. Hoy, en 2025, miles de inocentes han fallecido solo por ser palestinos, tal como hace 80 años millones lo hacían solo por ser judíos.
Hoy quiero hablar de humanidad, porque Gaza representa una crisis global, una crisis de la humanidad. En esta sala, y quienes nos escuchan en sus países, somos todos seres humanos. Por eso, cuando niños y niñas yacen bajo los escombros, hay un dolor auténtico en Chile, compartido por muchos países del mundo.
El dolor, muchas veces, engendra odio, pero debemos combatirlo. Debemos transformar el deseo de odio en búsqueda de justicia. No quiero ver a Netanyahu destruido por un misil, quiero que, él y los responsables del genocidio palestino, sean juzgados frente a un tribunal internacional.
La guerra en Ucrania también nos afecta. ¿Qué tiene que ver con Chile lo que ocurre en un país distante? Respondo que tenemos la misma conexión con una madre palestina asesinada buscando alimento o con un niño ucraniano que ha sido raptado. Nuevamente, se trata de humanidad.
La razón por la que estamos aquí es porque creemos en la humanidad. Nuestros corazones deben conmoverse ante el dolor ajeno. Nos hemos dado reglas que son avances civilizatorios, pero hoy no se están respetando. No es correcto invitar a negociar a un país neutral y luego violar su soberanía, como ocurrió en Doha, Qatar. No es aceptable bombardear instalaciones nucleares u ocupar un país y, luego, imponer negociaciones sobre hechos consumados.
Como decía Albert Camus, si no creemos en nada, nada tiene sentido y lo malo y lo bueno dejan de existir. Si aceptamos esta lógica, la razón queda del lado de quienes tienen éxito y la humanidad se mide solo en eficacia, por el más fuerte.
Este razonamiento es la justificación del asesinato. En un mundo así, la vida de una persona dependerá del azar o de una benevolencia arbitraria. En un mundo así, quienes no lo condenan son, de alguna manera, también culpables. Especialmente quienes, como nosotros, tienen el poder de decir basta y actuar.
Nos negamos a dar la razón a quienes poseen la fuerza. Algunos nos tildan de utópicos. Pero, ¿no es la historia un viaje utópico? Hay quienes prefieren solo abordar lo que da resultados inmediatos, pero esos atajos pueden llevarnos a precipicios. No es necesario triunfar en la forma convencional de éxito para luchar por un mundo más justo. Esa lucha ha permitido extender la justicia, la libertad, la igualdad y la solidaridad.
Por eso, cuando se nos llama a la sumisión, digamos que no. No debemos ceder ante la astucia, la violencia o la pasividad.
Respeto a quienes tienen opiniones distintas, pero me enfrento con firmeza ante quienes mienten, especialmente cuando son conscientes de ello. Se ha afirmado aquí que el calentamiento global no existe. Eso no es una opinión, es una falsedad que debemos combatir. Podemos discutir las mejores maneras de enfrentar el calentamiento global, pero no podemos negarlo. De igual forma, podemos analizar cómo los nazis llegaron al poder, pero no podemos negar el Holocausto.
El mundo necesita un diálogo verdadero, entre aquellos con distintas visiones. Esa es la razón de ser de la ONU: dialogar y decidir que la barbarie no es aceptable y que los derechos humanos deben ser respetados sin importar ideologías. El silencio y la mentira nos llevan a la soledad.
Entonces, ¿cuál es nuestra tarea hoy? Construir un futuro que refleje nuestros valores compartidos, desde Chile promovemos la democracia, los derechos humanos, la justicia social y la acción climática como pilares de esperanza y acción.
El mundo necesita voces claras que defiendan el compromiso con la democracia. Esta semana, junto a Brasil, España, Colombia y Uruguay, hemos convocado el segundo Encuentro por la Defensa de la Democracia, buscando construir puentes y mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos.
Deseo centrarme en un tema específico: Chile, un país tricontinental con un profundo lazo al océano, fue el primero en América en ratificar el Acuerdo BBNJ. Ofrecemos Valparaíso como sede de su Secretaría, considerando que esto representa una oportunidad para acercar la gobernanza oceánica al sur global.
Chile también es un país comprometido con la Antártica, lugar de ciencia y paz, donde lideramos investigaciones y apoyamos campañas en el continente. Hace un llamado a los Estados parte para que aprueben la propuesta de área marina protegida en la Península Antártica.
No podemos explotar recursos sin adoptar medidas de conservación. Sostener la vida en la tierra es una urgencia que debemos atender, por nosotros, por el presente y el futuro.
En este tiempo de tensiones y crisis, el proceso de nombramiento del Secretario General de la ONU es crucial. Debemos actuar de manera clara y humanitaria, la tragedia nunca es inevitable. La esperanza de cambios en el mundo depende de nosotros.
El equilibrio regional debe ser respetado en este proceso. Este es el tiempo de América Latina y el Caribe, una región en paz, con una rica tradición diplomática y un firme compromiso con la ONU.
Enfrentar el desequilibrio de género en la ONU es un tema pendiente. Ochenta años sin una mujer en la Secretaría General es inaceptable. La ONU debe reflejar la realidad del mundo y aceptar que cada vez más mujeres deben ocupar posiciones de liderazgo.
Es un honor para Chile nominar a Michelle Bachelet como candidata a la Secretaría General de la ONU. Ella es ampliamente conocida y respetada a nivel global, su trayectoria está alineada con los valores de esta organización, habiendo sido jefa de Estado, ministra en diversos sectores y líder de ONU Mujeres.
Michelle Bachelet ha demostrado empatía, firmeza y capacidad decisional. En tiempos de división, creo que puede construir puentes entre diversas posturas y restaurar la credibilidad y propósito de la ONU.
En este marco de avances y desafíos, cuestionamos quiénes definirán el futuro del mundo. La historia no debe ser escrita por los agresores, sino por todos los pueblos unidos. Queremos un futuro digno y respetuoso, y eso depende de la renovación y el cambio en la ONU.
Transitemos juntos, como iguales, en la búsqueda de verdad, justicia, belleza y felicidad.
Muchas gracias.
Con Información de www.diarioelpulso.cl








