El cambio al horario de invierno, que tiene como fin optimizar el uso de la luz natural y fomentar el ahorro energético, impacta considerablemente en la movilidad urbana y en las actividades de las personas durante la tarde y la noche.
Con el anochecer más temprano, muchos eligen regresar a sus hogares antes, lo que limita su participación en actividades recreativas, deportivas y culturales que normalmente se realizan tras la jornada laboral o escolar.
Esta reducción en la actividad nocturna afecta negativamente al comercio local, como restaurantes y tiendas, al disminuir la afluencia de clientes en horarios que solían ser concurridos.
Asimismo, la disminución de personas en las calles durante la tarde y la noche afecta la percepción de la seguridad ciudadana, ya que las áreas menos concurridas pueden volverse más vulnerables a delitos.
Investigaciones han demostrado que incrementar la exposición a la luz natural en la tarde puede contribuir a reducir ciertos delitos.
Por ejemplo, un estudio realizado en Santiago por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) mostró que la delincuencia disminuyó un 20% durante los períodos cercanos al horario de verano, cuando hay una hora adicional de luz solar entre las 19:00 y las 21:00 horas.
El impacto fue mayor en los robos, y en menor escala en hurtos y robos de vehículos.
Esto sugiere que la presencia de luz natural en momentos clave puede actuar como un factor disuasorio frente a la actividad delictiva.
Más allá de simplemente ajustar el reloj, es crucial pensar en cómo nuestras ciudades pueden adaptarse para ser más seguras y vibrantes durante los meses de invierno.
La implementación de sistemas de iluminación urbana eficientes, como la tecnología LED, no solo ayuda al ahorro energético, sino que también mejora la visibilidad y seguridad en las calles.
Asimismo, diseñar espacios públicos que protejan del viento y aprovechen al máximo la luz solar disponible puede hacer que estos lugares sean más acogedores durante las estaciones frías.
Además de mejorar la iluminación, muchas ciudades están comenzando a diversificar el uso de espacios públicos para mantener su vitalidad en periodos fríos y oscuros del año.
La organización de actividades deportivas al aire libre, juegos infantiles en plazas y calles cerradas al tránsito, ferias de emprendimientos locales y eventos culturales como conciertos o cine al aire libre ayudan a extender la vida urbana más allá del día.
Estas iniciativas no solo fomentan la actividad económica y el encuentro entre vecinos, sino que también incrementan la presencia de personas en el espacio público, fortaleciendo así la percepción de seguridad.
Para que esto funcione, es esencial que los municipios doten estos espacios de buena iluminación, mobiliario adecuado, refugios contra el clima y mantenimiento regular.
El cambio de hora, en lugar de aportar beneficios, es una medida innecesaria que no aborda de manera efectiva los retos urbanos que enfrentamos en invierno.
Es momento de reconsiderar nuestras estrategias y centrarnos en soluciones más integrales y sostenibles para mejorar la calidad de vida en nuestras ciudades.
Por Beatriz Mella
Directora del Centro de Investigación Urbana para el Desarrollo, Hábitat y la Descentralización (CIUDHAD).
Universidad Andrés Bello (UNAB).
Con Información de portalmetropolitano.cl