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Nuestro afrodisíaco mental

“Estimular el deseo es esencial para disfrutar de una sexualidad saludable y vibrante. Uno de los principales componentes que nutren ese deseo sexual, conocido como libido en ciertos contextos psicoanalíticos y médicos, son las fantasías eróticas,” afirma la psicóloga y sexóloga Lydia Parrilla.

La especialista de la plataforma de citas Gleeden (https://es.gleeden.com) señala que “las fantasías son parte del material con el que podemos excitarnos y ayudan a que nuestra mente se enfoque en el deseo, por lo que es vital potenciarlas”.

Detalla que estas imaginaciones sexuales “nos permiten experimentar placer, confrontar situaciones estimulantes y explorar comportamientos, todo mientras expresamos nuestra creatividad”.

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Mujer reclinada sobre pétalos de rosas rojas. Foto: Shutterstock, cortesía de Gleeden.

El deseo en acción.

Entre las fantasías más comunes, se incluyen situaciones como “ser observados mientras estamos con nuestra pareja; ver a nuestra pareja en situaciones íntimas con otra persona o la idea de la inclusión de una tercer persona en nuestra cama”, menciona.

Asimismo, “muchas fantasías están ligadas a dinámicas sexuales, por ejemplo, cubrir los ojos de nuestra pareja, atarle las manos o incluso darle una palmada en el trasero,” añade.

Subraya que “no se trata de cumplir o hacer realidad cada una de nuestras fantasías eróticas, sino que es saludable poseer imágenes mentales o representaciones imaginarias que sean idealizadas”.

“Tener fantasías sexuales que se mantienen en el ámbito de la imaginación puede ayudar a activar el deseo, ya que están estrechamente vinculadas a él y pueden romper con las normas o los convencionalismos sociales, ya que solo existen en la mente de cada individuo,” puntualiza Parrilla, directora del centro psicológico Dupla (https://duplapsicologia.com) especializado en terapia sexual y de pareja.

De acuerdo con una encuesta realizada a 10.826 usuarios de Gleeden, una plataforma que cuenta con más de 12 millones de usuarios en Europa, América Latina y Asia, “el 63% de la población admite tener o haber tenido alguna fantasía sexual, mientras que un 13% afirma no haber tenido nunca fantasías de este tipo”.

“El 67% de quienes han fantaseado alguna vez confiesa haber cumplido solo algunas de esas fantasías, aunque un 9% dice haberlas cumplido todas. Por otro lado, el 21% de los participantes considera que no ha podido cumplir todas sus fantasías por no haber encontrado a la pareja adecuada,” según los resultados de la encuesta de Gleeden.

A continuación, Parrilla comparte con EFE sus razones sobre por qué cumplir, o intentar cumplir, todas nuestras fantasías eróticas podría no ser lo más adecuado.

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La fantasía de un trío, un deseo común. Foto: Pixel-Shot/Shutterstock, cortesía de Gleeden.

La sexualidad como proceso mental.

La experta destaca que “la sexualidad es un fenómeno que ocurre en la mente. Por esto, es fundamental activar el pensamiento para estimular el deseo: es como si alimentáramos constantemente ese impulso”.

“Una forma eficaz de alimentar ese deseo es mantener activa nuestra fantasía mental,” señala.

De hecho, en su práctica psicológica y sexológica, Parrilla considera que las fantasías pueden ser una herramienta terapéutica para potenciar el erotismo.

Sin embargo, aclara que “algunas personas sienten que ciertas fantasías pueden ser negativas o ‘tabú’ porque desafían las normas sociales convencionales o trasgreden los límites que ellos mismos se han impuesto. Es crucial desmitificar y naturalizar esas ‘fantasías transgresoras’, ya que solo existen en la imaginación”.

“Las fantasías son eso, fantasías, que enriquecen nuestro imaginario y nos permiten seguir desarrollando nuestra erótica,” recalca.

“Hay fantasías que, por su naturaleza, son irrealizables y quedan solo en la mente. No deben considerarse dañinas, siempre y cuando se acepte que permanecerán como tales,” agrega.

“Mantener algunas fantasías en la imaginación e incorporar nuevas, ampliando nuestro repertorio imaginario, puede resultar útil para activar nuestro deseo sexual. Al llevar a la práctica lo que antes solo fantaseábamos, se corre el riesgo de perder un recurso valioso para estimular el deseo, porque la fantasía deja de generar atracción y excitación,” concluye Parrilla.

“Esto no significa que debamos renunciar a realizar algunas de estas fantasías, aquellas con las que nos sintamos cómodos, siempre teniendo presente que la realidad puede diferir de lo que imaginamos,” reflexiona.

Según esta especialista, “hay una infinidad de fantasías, que varían dependiendo del contexto social y cultural de cada país”.

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Antifaz y esposas eróticas, en tonos rojo y negro. Foto cortesía de Gleeden.

Ampliando el repertorio de fantasías.

Basándose en su experiencia clínica, Lydia Parrilla identifica que dos fantasías recurrentes incluyen la posibilidad de participar en un ‘trío’ (una relación sexual en la que intervienen tres personas) y asistir a un club ‘swinger’ (un lugar donde las parejas pueden mantener encuentros íntimos consensuados con otros).

Otra fantasía común es el ‘voyeurismo’ (el placer de observar las relaciones sexuales ajenas), destacando que “un 45% de las personas no tendría inconveniente en practicar sexo con otras personas mientras su pareja observa, pero un 52% no aceptaría ver a su pareja en sexo con otra persona,” según la encuesta de Gleeden.

Para enriquecer nuestro repertorio personal de fantasías sexuales, Parrilla recomienda “crear narrativas simples de tipo romántico o sensual, evitando complejidades excesivas, ya que a menudo imaginar un rostro, una escena íntima, un gesto suave o un abrazo apretado puede ser suficiente para activar nuestra excitación.”

La psicóloga y sexóloga también aconseja “prestar atención a los detalles, que pueden ser muy significativos, y recordar que nuestras fantasías son completamente naturales y beneficiosas para nuestro crecimiento sexual.”

Con Información de www.elrancaguino.cl

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