PhD. Rodrigo Ignacio Berrios Rojas. Académico y miembro de la Sociedad Española de Pedagogía (SEP)
No temo a la muerte; llega sin preguntar por nuestras posesiones o lo que hemos hecho por los demás y por nosotros mismos. Desde el momento en que nacemos, la muerte es la única “certeza democrática” que tenemos.
Empezaré diciendo que mi verdadero temor es a la vida, a esa vida desperdiciada, a vivir en piloto automático, posponiendo momentos por un mañana que nunca llega. Lo que se fue pertenece al ayer, el mañana es una ilusión y el presente —aunque a menudo lo olvidemos— es lo único real que poseemos.
Este “ahora” no es solo una frase motivacional; es una llamada urgente a la conciencia. Solemos concentrarnos en el pasado, en lo que fue y pudo ser, cargando con culpas mientras esperamos un futuro diferente que siempre parece estar más allá de nuestro alcance. La vida sigue pasando, y el presente se consume, como lo vemos en el Bio Bio. El sur de nuestro país nos recuerda la dura realidad: los incendios forestales no esperan.
No esperan a que se organicen mesas de trabajo, ni a que cambien los gobiernos o se den discursos. El fuego devora bosques, hogares, ecosistemas y vidas humanas, mientras nosotros continuamos discutiendo sobre responsabilidades como si el presente realmente tuviera importancia. “Y el tiempo importa. Siempre importa”.
Los incendios no son solo un resultado del cambio climático, son, sin duda, un reflejo de decisiones humanas, de omisiones y de intereses ocultos. Cuando la protección del medio ambiente se enfrenta a intereses económicos, el fuego encuentra terreno fértil y consume tanto la naturaleza como la confianza y el presente. Este presente que nos lleva a reflexionar sobre la vida y cómo la felicidad personal puede convertirse en un asunto colectivo.
La siguiente pregunta es: ¿Qué nos permitirá ser felices como sociedad? No se trata solo de crecimiento, orden o eficiencia. La felicidad surge de la coherencia entre lo que decimos y hacemos, entre el poder que ejercemos y el bien común que prometemos. Cualquier gobierno se encontrará con una ética que trasciende los nombres de sus ministerios. La designación que realmente importa es: ¿a quién se le da prioridad? ¿Al corto o al largo plazo? ¿Al interés privado o al público? ¿Al cálculo político o al bienestar de las personas?
Gobernar, en su forma más genuina, es administrar el presente. No el pasado idealizado ni el futuro soñado. Hoy debemos prevenir incendios, hoy necesitamos transparentar los lazos entre el Estado y las empresas, hoy decidimos si la economía trabaja para las personas o las personas para la economía.
Y aquí es donde surge nuevamente el miedo: miedo a vivir, a tomar decisiones, a poner fin a relaciones desfavorables, a incomodar intereses, a decir “no”, pues a menudo es más fácil mirar hacia otro lado. Este miedo es comprensible en los individuos, pero resulta inaceptable en las instituciones.
Ser felices, tanto individual como colectivamente, no significa evitar el conflicto. Implica enfrentarlo con sentido, ética y convicción de que el presente que cuidamos es el legado tangible que dejaremos mañana.
Un país que normaliza los conflictos de interés es aquel que aprende a convivir con el incendio en lugar de prevenirlo.
No se trata de vivir obsesionados con la muerte, sino de honrar la vida en lo cotidiano, en la buena política, en la prevención ambiental, en la transparencia y en la valentía para tomar decisiones que busquen la “felicidad” colectiva. En este sentido, la felicidad no es un estado emocional permanente, sino la tranquilidad de saber que no estamos traicionando lo esencial.
Quizás por eso no temo a la muerte. Esta llega y se acabó. Pero la vida exige valor a diario, exige presencia. Requiere reconocer que el regalo del presente no es indefinido; puede perderse si no lo cuidamos.
El futuro no es una realidad dada. Se construye o se destruye. Y no existe ministerio, corporación o discurso que pueda sustituir esta simple verdad: vivir bien, gobernar bien y ser felices empiezan en el mismo lugar. En el hoy.
Con Información de www.diarioelcentro.cl








