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Luces y ruidos de Año Nuevo afectan a los cabros con espectro autista

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Para muchas familias chilenas, las fiestas de Año Nuevo son sinónimo de celebraciones, luces y fuegos artificiales. Sin embargo, para otras, este periodo puede ser bien abrumador. En especial, para aquellas familias que tienen niñes con condición del espectro autista (CEA) o hipersensibilidad auditiva, ya que enfrentan un estrés considerable por los ruidos y luces intensas que trae la pirotecnia.

Desde un enfoque educativo, se sabe que muchos niñes con condición del espectro autista tienen dificultades en el procesamiento sensorial. Esto significa que estímulos como luces parpadeantes, grandes multitudes, música a alto volumen o explosiones inesperadas pueden resultar dolorosos, generando ansiedad, crisis conductuales, desregulación emocional o incluso evitación de situaciones. Los fuegos artificiales agravan todo esto, ya que son impredecibles, ruidosos y no se puede controlar el estímulo.

Expertos en educación inclusiva destacan que esta experiencia no solo afecta a les niñes, sino que también a sus familias y redes de apoyo, quienes deben adaptarse y anticipar situaciones para reducir el malestar. La anticipación es clave: explicar lo que va a ocurrir previamente, usar apoyos visuales o sistemas de comunicación aumentativa y alternativos (SAAC), planificar espacios seguros y establecer estrategias de autorregulación puede hacer una gran diferencia.

Además, es importante entender que la pirotecnia no es un «juego inofensivo» en términos de bienestar socioemocional. El ruido puede generar reacciones fisiológicas de miedo intenso, como si se tratara de una amenaza real. En algunos casos, les niñes pueden llorar inconsolablemente, taparse los oídos de manera constante, querer huir de espacios abiertos o ver alterado su sueño.

Algunas recomendaciones para las familias incluyen el uso de audífonos con cancelación de ruido, orejeras protectoras o incluso audífonos con música suave o ruido blanco. Estas herramientas ayudan a mitigar el impacto de las explosiones y ruidos fuertes, reduciendo así la ansiedad y las crisis sensoriales, además de promover la autorregulación en les niñes. Sin embargo, el acompañamiento emocional sigue siendo la recomendación más importante que puede brindar la familia.

Finalmente, el mensaje desde el ámbito académico y profesional es claro: las celebraciones no deberían causar sufrimiento a otros. Proteger el entorno sonoro, respetar las diferencias sensoriales y entender que no todas las personas viven las fiestas de la misma manera es un paso esencial hacia una sociedad más inclusiva.

Por Monona Valdés, directora de Educación Diferencial UNAB.

Con Información de portalmetropolitano.cl

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