Alejandro Cárcamo Righetti. Profesor de Derecho Administrativo, Licenciado en Ciencias Jurídicas, Abogado, Magíster en Derecho Constitucional y Derechos Humanos, Doctor en Derecho.
No se puede, ni se debe, dudar de que nuestro sistema político e institucional ha estado presentando problemas serios durante varios años. La evidencia empírica indica que, en tiempos recientes, los síntomas han empeorado considerablemente, llevando a los más pesimistas a pensar que la situación es irreversible.
Entre las patologías que afectan al aparato público, se identifican, al menos, dos: la debilidad institucional y el debilitamiento político. La variedad de síntomas es extensa y refleja la implicación de diversos organismos estatales.
Los fracasos de los dos procesos constituyentes; la extracción de fondos desde las Administradoras de Fondos de Pensiones; los escándalos conocidos como “Caso Hermosilla” y “Caso Convenios”; los escándalos de corrupción que han surgido en el Poder Judicial y el Ministerio Público; las intromisiones entre los diferentes Poderes del Estado; las persecuciones penales de figuras como Chadwick, Barriga, Cariola y el propio Presidente Gabriel Boric; así como las filtraciones de información por parte del Ministerio Público, entre otros muchos acontecimientos vergonzosos, respaldan el sombrío diagnóstico de un evidente y progresivo debilitamiento institucional.
En el ámbito político, la fragmentación y polarización en el Congreso Nacional; la falta de seriedad de nuestra clase política; la inexperiencia y la falta de preparación; la excesiva ideologización; la burocracia y la ineptitud; la corrupción; los egos personales; las estrategias electorales; y el predominio de los intereses partidistas por encima de las necesidades más urgentes de la ciudadanía, como la crisis de seguridad pública, la inmigración descontrolada, el desempleo y el triste crecimiento económico, dejan en evidencia el grave debilitamiento político.
En la actualidad, a pocos meses de una nueva elección presidencial y parlamentaria, la oposición se encuentra envuelta en una contienda interna desalentadora, con un triste espectáculo que involucra a los partidos que la componen y sus precandidatos presidenciales. El oficialismo, por su parte, lucha por encontrar un candidato que sea competitivo y que unifique, a fin de mejorar la imagen de la modesta gestión actual del Gobierno.
En este contexto, las perspectivas de recuperación del sistema político e institucional son poco alentadoras, lo que alimenta la visión de un posible desenlace catastrófico. Solo un cambio profundo y oportuno, una demostración de madurez republicana, y un tratamiento decidido que aborde cada una de las heridas y lesiones que sufrimos, podrán ayudarnos a salir del estancamiento en el que estamos, y aspirar, en el futuro, a recuperar la robustez institucional que presumíamos hace apenas unas décadas.
Con Información de www.diarioelcentro.cl