Miguel Alejandro Bustamante-Ubilla, Economista, profesor en la Facultad de Economía y Negocios, y colaborador del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca.
En la fase de la vejez, la vida adopta una perspectiva más reflexiva y significativa. Ya no se enfoca únicamente en la acumulación de logros o en la proyección de futuros objetivos, sino en entender y valorar el camino recorrido, hallando sentido en la propia existencia. En este marco, la satisfacción con la vida se vuelve un pilar fundamental para entender el bienestar integral de las personas mayores. Más que una variable abstracta, el bienestar resulta de una evaluación global, subjetiva y duradera que los individuos realizan sobre sus vidas, considerando experiencias, logros, pérdidas y aspiraciones.
Este juicio personal no es ni estático ni uniforme; es único para cada individuo. Se compone de múltiples dimensiones interrelacionadas, como la salud física y mental, la felicidad cotidiana, las relaciones significativas y la estabilidad económica, entre otras. Sin embargo, cada persona moldea su propio bienestar, transformándolo en su percepción de calidad de vida. A medida que envejecemos, se vuelve crucial mirar la vida no solo desde los logros externos, sino también desde la paz interior, la gratitud y el equilibrio emocional que se adquiere a lo largo del tiempo.
Una Perspectiva Empírica sobre el Bienestar en la Vejez
Un estudio reciente en Chile, que abarcó a más de mil personas mayores de entre 65 y 76 años, mayormente hombres y mujeres jubilados, de ingresos medios a bajos en áreas urbanas y con buen estado cognitivo, nos ofrece una síntesis valiosa. Las respuestas obtenidas nos permiten entender cómo las personas mayores se evalúan a sí mismas y cómo valoran su vida en su conjunto. Preguntas como si se sienten satisfechas con su pasado, con lo que son en el presente y con lo que aún esperan vivir, nos proporcionan respuestas que humanizan su experiencia, reconociendo en la madurez una síntesis emocional e intelectual de su trayectoria vital.
Salud, Felicidad y Bienestar: Un Vínculo Indisoluble
Los hallazgos del estudio son claros: la percepción de salud, abarcando sus dimensiones físicas, emocionales y cognitivas, influye directamente en la satisfacción con la vida. Así, a mejor percepción de salud, mayores niveles de bienestar y felicidad. Este descubrimiento confirma lo que muchos adultos mayores ya sospechan: mantener la funcionalidad, conservar la mente activa y sentirse emocionalmente estables son condiciones esenciales para vivir una vejez plena.
Paralelamente, la felicidad se presenta como una dimensión subjetiva, frecuentemente relacionada con momentos cotidianos simples pero significativos. El hecho de compartir con familiares y amigos, disfrutar de caminatas o sentirse útiles y escuchados, proporciona un bienestar íntimo. Este bienestar emocional no es un lujo, sino una necesidad, y está íntimamente ligado a la forma en que cada persona interpreta su vida, más allá de las dificultades enfrentadas.
La Dimensión Cognitiva: Conciencia, Decisión y Sentido
Se revela como un componente central en esta investigación, considerando que el estado cognitivo de los participantes es crucial. Al segmentar la muestra según su grado de deterioro cognitivo, se observó que quienes mantenían mayor lucidez mostraban niveles más altos de satisfacción con la vida. Esto se debe a su capacidad para tomar decisiones, manejar su entorno y entender lo que les ocurre, lo cual refuerza su autoestima y percepción de autonomía. Preservar las habilidades cognitivas es fundamental no solo desde el punto de vista emocional y existencial, sino como el mecanismo que les permite proyectar deseos y mantener un sentido de continuidad y bienestar integral.
Lo Subjetivo También Importa: Afecto, Autoestima y Propósito
Si bien las condiciones materiales, como ingresos, vivienda y acceso a servicios de salud, son importantes, no son suficientes para explicar la satisfacción con la vida. Los factores intangibles y subjetivos, como el sentido de pertenencia, la valoración obtenida y la posibilidad de contribuir o sentirse escuchado, son igualmente determinantes. La vida en la vejez no debe verse solo como un recuento de dolencias o carencias; es, ante todo, una expresión de sabiduría acumulada, resiliencia y anhelo de trascender.
Un Compromiso con la Dignidad
En resumen, la satisfacción con la vida en la vejez es un fenómeno complejo y profundamente humano. No puede ser comprendido sin considerar la interacción entre cuerpo, mente y emociones, así como las conexiones entre lo social y lo individual, entre lo vivido y lo que aún queda por vivir. Para caminar hacia una sociedad más amigable con sus mayores, es necesario mejorar no solo las condiciones materiales, sino también fomentar espacios donde las personas mayores puedan expresar su identidad, ejercer su autonomía y cultivar vínculos significativos, dotando de sentido a cada etapa de la vida.
En conclusión, las personas mayores no son solo sujetos de cuidado, sino también fuentes de memoria, afecto y sabiduría. Escuchar cómo evalúan su vida es una oportunidad para que la sociedad aprenda a visualizar el camino que todos debemos recorrer y, a lo largo de él, fomentemos la satisfacción con la vida que todas las personas mayores merecen.

Con Información de www.diarioelcentro.cl







