Andrea Torres Geldres, Departamento de Ciencias de la Nutrición y los Alimentos, Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca.
El envejecimiento es un proceso dinámico que exige una constante adaptación. La salud se define no solo por la ausencia de enfermedades, sino también por la capacidad de mantener un bienestar físico, cognitivo y emocional. Para lograr un envejecimiento saludable, es esencial comprender de qué manera los cambios fisiológicos, psicológicos y sociales influyen en la alimentación de las personas mayores.
Investigaciones indican que la calidad de la alimentación en la tercera edad adquiere una relevancia aún mayor debido a las transformaciones que ocurren con la edad. Por ejemplo, muchos ancianos enfrentan dificultades para masticar y tragar, así como una disminución en el gusto y el olfato, lo que puede llevar a problemas de malnutrición y pérdida de masa muscular. Además, la presencia de enfermedades, discapacidades y problemas de salud mental, como la depresión o la soledad, afectan sus hábitos alimenticios y calidad de vida.
La realidad muestra que en muchas comunidades de personas mayores, la calidad alimentaria es deficiente, con una alta prevalencia de hábitos poco saludables. Sin embargo, también se observan patrones alimentarios positivos, como un consumo moderado de carne, bajo consumo de comida rápida, alimentos ultraprocesados y azúcares simples, que favorecen un envejecimiento más saludable.
Un ejemplo inspirador son las Zonas Azules, regiones donde la longevidad es notable. Sus habitantes se benefician de un estilo de vida que incluye una dieta mediterránea rica en frutas, verduras, grasas saludables y un consumo moderado de proteínas, además de realizar actividad física regularmente y mantener fuertes lazos sociales y familiares. Esta combinación de hábitos contribuye a que muchas personas de estas áreas vivan más de 100 años con buena salud.
La dieta mediterránea, en particular, ha sido valorada por su capacidad para fomentar la longevidad y reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Se sugiere un consumo de proteínas de alta calidad, omega-3, vitamina D y suplementos que ayuden a preservar la masa muscular y la función cognitiva durante la vejez.
Fomentar estilos de vida saludables, que incluyan una alimentación equilibrada y actividad física regular, es fundamental para mejorar la calidad de vida en la vejez. La integración de estos hábitos, junto con la atención a los aspectos psicosociales, puede mitigar las complicaciones asociadas al envejecimiento y promover una vida larga y satisfactoria. En resumen, la alimentación en personas mayores debe ir más allá de la ingesta de nutrientes; es importante entender y abordar los diversos factores que influyen en sus hábitos alimenticios, apoyando un envejecimiento activo y saludable, inspirado en los ejemplos de las Zonas Azules y la dieta mediterránea.

Con Información de www.diarioelcentro.cl







