Rodrigo Egaña Baraona, director de Educación Pública
Cerca de 2.400 escuelas públicas en áreas rurales —incluyendo 194 unidocentes— sostienen el aprendizaje en los territorios más diversos del país. Fortalecer su desarrollo es no solo un deber estatal, sino una tarea prioritaria de la Nueva Educación Pública, lo que implica llevar a cabo acciones concretas que garanticen que cada niña, niño, joven y adulto, independientemente de su lugar de residencia, tenga igualdad de oportunidades para aprender.
Aproximadamente 2.400 escuelas públicas en zonas rurales —entre ellas 194 unidocentes— son el pilar del aprendizaje en los diversos territorios del país. Mejorar su desarrollo es una responsabilidad del Estado y un reto prioritario para la Nueva Educación Pública, que busca garantizar que todos, sin importar dónde vivan, tengan las mismas oportunidades educativas.
Gabriela Mistral, maestra rural y Premio Nobel de Literatura, personifica el compromiso más profundo del sistema público: llevar conocimiento, esperanza y comunidad a todos los rincones del país. Un siglo más tarde, miles de educadores rurales continúan esa labor, en el contexto de la Nueva Educación Pública, demostrando que la calidad de la educación no depende del tamaño del establecimiento, sino del compromiso con la comunidad.
La Dirección de Educación Pública tiene el mandato de liderar la transformación del sistema educativo estatal, prioritizando la educación rural como un componente clave. Este ámbito no es marginal, sino esencial para garantizar la equidad territorial, ya que en las escuelas rurales se fusionan inclusión, diversidad y pertenencia, creando espacios de aprendizaje comunitario que se relacionan con la vida cotidiana.
La actual política de educación rural retoma y expande la visión del plan Gabriela Mistral de 2012. Si antes se centraba en mejorar la infraestructura, el transporte y la formación docente de manera urgente, ahora el enfoque es más estructural: justicia educativa, colaboración interinstitucional y participación comunitaria. Ambas visiones comparten la convicción de que la educación rural es motor de cohesión y desarrollo local, pero la Nueva Educación Pública la convierte en un eje estratégico del sistema.
A lo largo del país, los 26 Servicios Locales de Educación Pública en funcionamiento actualmente incluyen más de 600 escuelas rurales, que albergan a 44 mil estudiantes. Cuando el sistema esté completamente implementado en 2030, con los 70 SLEP en operación, se contará con 2.398 escuelas rurales, representando casi la mitad de todos los establecimientos públicos del país.
Dentro de este grupo, 194 escuelas unidocentes públicas cumplen una función crucial. En cada una, un único docente enseña a estudiantes de diferentes niveles en un mismo aula, transformando la distancia geográfica en un espacio de aprendizaje compartido. Estas escuelas representan el 4 % de la red pública y el 57 % de todas las unidocentes del país, evidenciando el compromiso y la versatilidad del profesorado rural.
Estas comunidades educativas son el núcleo del territorio. No solo imparten conocimientos, sino que preservan culturas, fomentan el desarrollo local y fortalecen las relaciones sociales. Los docentes desempeñan múltiples roles: son directores, responsables de inclusión y convivencia, administradores y, muchas veces, referentes en la comunidad. Su esfuerzo diario es una demostración de vocación y compromiso con la equidad educativa.
Para respaldar este esfuerzo, la Dirección de Educación Pública ha diseñado una estrategia integral para fortalecer la educación rural, basada en tres líneas principales:
Primero, la Red Nacional de Educación Rural, que convoca mensualmente a los equipos técnicos de los SLEP para intercambiar experiencias, coordinar apoyos y revitalizar los microcentros docentes, espacios históricos de colaboración profesional y aprendizaje entre pares.
En segundo lugar, se ofrece acompañamiento especializado a las escuelas rurales, mediante técnicos capacitados específicamente para esta modalidad educativa, proporcionando orientación metodológica y apoyo continuo desde la dirección central.
Finalmente, se busca visibilizar buenas prácticas de acompañamiento técnico e innovación pedagógica en territorios rurales, a través de publicaciones y encuentros. Esto ha permitido conocer y difundir experiencias inspiradoras de distintas regiones: los Encuentros de Escuelas Rurales del SLEP Atacama, los proyectos de flora nativa promovidos por el SLEP Chinchorro o las redes colaborativas de Chiloé y Costa Araucanía, junto con la implementación de estrategias didácticas desarrolladas por el MINEDUC, centradas en la articulación de asignaturas mediante metodologías de proyectos, entre muchas otras.
A su vez, se ha formado un Comité Estratégico de Educación Rural, que agrupa a directores y directoras de SLEP con más del 50 % de establecimientos rurales. Este espacio se reúne al menos una vez al año para compartir experiencias, aprendizajes y desafíos comunes frente al mejoramiento de los aprendizajes y las condiciones operativas desde el rol de sostenedor público.
Estos avances reflejan una convicción institucional: la educación rural es una pieza clave de la Nueva Educación Pública y un motor para el desarrollo local. Su fortalecimiento no solo amplía las oportunidades de aprendizaje, sino que también contribuye a la cohesión social, la identidad cultural y la sostenibilidad territorial.
Desde una perspectiva pedagógica, la escuela rural ha sido reconocida como un espacio de oportunidad e innovación educativa, capaz de generar experiencias transformadoras que benefician a todo el sistema. Resaltar este potencial implica valorar el conocimiento y la vocación de los docentes rurales, proyectando sus prácticas como modelos a seguir, en lugar de enfocarse en una lógica de déficit.
La calidad y la equidad educativas no se construyen solo en las grandes ciudades. También se forjan en las pequeñas aulas del campo, donde la enseñanza se entrelaza con la vida y donde la figura de la maestra rural sigue iluminando el camino.
Por lo tanto, fortalecer la educación pública rural es una responsabilidad del Estado y una inversión en el futuro: un compromiso con las comunidades que ven en la escuela el eje de su territorio y el motor de su desarrollo.
Con Información de www.diarioelcentro.cl








