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La edad no determina tu éxito.

Recientemente, tuve el honor de ser invitada por el Woman Economic Forum a participar en las sesiones de la CSW (Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer) de la ONU, junto a otras once mujeres líderes chilenas de diversas áreas. Si bien probablemente era la mayor del grupo, en ningún momento me sentí menos capaz debido a mi edad. Mientras interactuaba con ellas, reflexionaba sobre cuántas veces nos detenemos a pensar que es demasiado tarde para algo, que no tenemos la edad adecuada o que deberíamos ir más despacio. La verdad es que los sueños no caducan; la edad no es una limitación, sino una fuente de experiencia y crecimiento.

Actualmente, estoy involucrada en tres proyectos que me apasionan: impacto social, inversiones y talleres de educación financiera. Aunque son áreas distintas, tienen un significado en mi vida y me llenan de energía. A veces, me pregunto por qué me metí en este «zapato chino» o en qué momento decidí embarcarme en esto. La respuesta siempre es la misma: seguir creciendo y aprendiendo me mantiene viva.

El edadismo es una barrera que a menudo nos imponemos nosotras mismas. Nos convencemos de que hay cosas que ya no son para nosotras, que el ritmo del mundo es demasiado acelerado o que deberíamos dar paso a las generaciones más jóvenes. Pero, ¿pensaríamos lo mismo si tuviéramos 20 años menos? ¿Seríamos tan rápidas en rendirnos? La realidad es que el aprendizaje no tiene fecha de caducidad y el mundo necesita tanto nuestras voces y experiencias como las de quienes vienen detrás.

Trabajo con mujeres mucho más jóvenes que yo, y su energía es contagiosa. Verlas actuar con tal vitalidad y pasión me inspira y me recuerda que el aprendizaje es un proceso continuo. También colaboro con mujeres de mi misma edad, y su sabiduría y seguridad son igual de poderosas. Cuando nos rodeamos de diversas generaciones y establecemos redes de apoyo, el crecimiento se multiplica.

Hace un tiempo, vi una entrevista a Judy Sheindlin, conocida como la jueza Judy en EE. UU., donde hablaba sobre la importancia de la perseverancia. Ella decía algo como: «Si no lo lograste a los 30, lo harás a los 40; si no lo hiciste a los 40, lo conseguirás a los 50 o a los 60. Pero si no lo intentas, nunca lo harás». Y tiene razón. A menudo posponemos nuestros sueños porque pensamos que alcanzarles requiere mucho tiempo, pero la realidad es que el tiempo sigue su curso, ya sea que hagamos algo al respecto o no.

Es crucial romper con la creencia de que hay un momento «ideal» para hacer las cosas. Ayer, conversé con una emprendedora de Santiago que me comentó que no se atrevía a vender sus productos porque creía que no tenía suficiente stock. Mi percepción fue que el verdadero problema no era la falta de productos, sino su falta de confianza y el sentimiento de soledad en su emprendimiento. Lo que realmente necesitaba era rodearse de personas que la empoderaran, le hicieran ver su propio valor y la animaran a avanzar sin miedo. Cuántas veces nos quedamos atrapadas en excusas, cuando en realidad lo que hace falta es dar ese primer paso y encontrar apoyo en quienes nos inspiren y desafíen.

Una de las lecciones más valiosas que he aprendido en estos años es que el crecimiento personal y profesional es un viaje sin fecha de culminación.

Hoy, a días de cumplir 50 años, continúo persiguiendo mis sueños con la misma pasión que tenía a los 30. Y sí, hay días en que mi cuerpo sugiere ir más despacio, pero eso no significa detenerse, sino aprender a escuchar mi propio ritmo y seguir adelante.

Así que si estás dudando en emprender algo nuevo, sintiendo que ya es tarde para cambiar de rumbo o que el mundo marcha demasiado rápido para ti, te invito a desafiar esas creencias. Porque los sueños no cuentan con fecha de caducidad y, lo más importante, la vida sigue su curso.

La pregunta es: ¿te vas a mantener al día con ella?

Con Información de www.diarioelcentro.cl

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