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La vida en comunidad puede ser compleja, especialmente en entornos laborales, educativos e institucionales. Esta complejidad se intensifica cuando dentro de estas organizaciones coexisten culturas organizacionales diversas, como es el caso de las municipalidades, y más concretamente, sus direcciones de Seguridad Pública emergentes.
Las políticas en seguridad pública, como parte del marco de políticas públicas, son directrices estatales y gubernamentales desarrolladas por las instituciones políticas democráticas de cada país para abordar el delito y la inseguridad que siente la ciudadanía. Esto implica acciones de control y orden público, justicia y persecución penal en apoyo a las víctimas, así como medidas preventivas a nivel social y situacional, y a menudo se ignoran las estrategias de reinserción y rehabilitación.
La implementación de estas estructuras institucionales ha traído consigo transformaciones a nivel nacional, regional y local. Ahora contamos con un nuevo ministerio de Seguridad, una nueva ley de Seguridad Privada, reformas a nivel regional y cambios en las atribuciones de la seguridad municipal. Existen planes comunales y consejos de seguridad pública, además de un sistema nacional de seguridad pública que distribuye recursos de manera constante. La capacitación y formación también han sido parte de este cambio. En resumen, se está construyendo una cierta institucionalidad.
Sin embargo, los desafíos persisten en la implementación a nivel municipal. En la región, cada uno de los 32 municipios cuenta con una unidad de Seguridad Pública. Pueden ser direcciones, departamentos, unidades o programas, y en algunos casos, están vinculadas a la Gestión de Riesgos y Desastres, facilitando la ejecución de programas gubernamentales en el ámbito municipal. Algunos optan por iniciativas más tecnológicas, mientras que otros se centran en la prevención social o en patrullajes y vehículos.
En algunos casos, los alcaldes, basándose en un supuesto no del todo fundamentado, han elegido a exuniformados, preferiblemente carabineros, como los más aptos para liderar la seguridad pública municipal. Este enfoque puede tener cierta lógica en términos de capacidad de mando, vínculos con las policías y legitimidad ante la comunidad local. Sin embargo, es importante destacar que hay una diversidad de jefaturas en los municipios, incluyendo excarabineros, exPDI y profesionales de diferentes campos que han adquirido competencias específicas.
Es crucial entender que el mando municipal no se centra únicamente en la seguridad pública, sino más bien en la prevención del delito. Recuerdo a un ex profesor que comentaba: «los civiles seguimos razones y los uniformados órdenes». Un líder en este ámbito debe ser capaz de entender la gestión local de la seguridad y la prevención del delito, así como el perfil de los colaboradores involucrados.
A su vez, se pueden encontrar dificultades en la interacción con las policías, lo que afecta la relación entre los funcionarios activos y los exfuncionarios policiales. Las policías son cuerpos disciplinados y jerárquicos, compuestos por funcionarios que buscan avanzar en sus carreras. Pero surgen preguntas cuando un mando policial debe interactuar con un directivo de seguridad municipal que posee experiencia en la jerarquía policial, como ocurre en Pucón. Nuevamente, las funciones de las policías y las unidades municipales de seguridad son distintas.
La gestión local de la seguridad pública y la prevención del delito es una política pública dirigida a la ciudadanía. Aunque Carabineros es una fuerza militarizada y se orienta hacia el control y orden público, dirigir una unidad municipal requiere un enfoque en la prevención, la fiscalización, la intervención social, el uso de tecnología, el apoyo a víctimas y, en lo posible, la reinserción y rehabilitación.
Es bien conocido el saber hacer en la dirección de unidades, la logística y la inteligencia inherente a los cuerpos de orden público, al igual que el compromiso de cada exfuncionario de seguir contribuyendo a la seguridad de la ciudadanía. Es fundamental reconocer que los municipios están en un proceso evolutivo en la aplicación de estas políticas públicas, enfrentando un camino de ensayo y error.
La dirección de estas unidades municipales debe gestionar tanto lo urgente como lo importante, así como cumplir con las exigencias y directrices (cuando las hay) de sus autoridades. También deben abordar cuestiones como ¿qué desafíos enfrentar? ¿Dónde hacerlo? Esto se desarrolla en un contexto institucional que actualmente define diversos campos de trabajo y diversas identidades sociales y culturales en las comunidades, junto a la variedad de colaboradores y sus respectivas funciones y profesiones.
No es tarea sencilla. Sin embargo, los liderazgos municipales deben empezar por dar una respuesta clara sobre si buscan efectismo o efectividad. Todos estamos convocados a contribuir desde nuestras experiencias y conocimientos para garantizar la seguridad y tranquilidad de las personas, sus familias y comunidades.

*Francisco Vega Duarte es Licenciado en Ciencia Política de la UC; Magíster en Gobierno y Sociedad de la UAH y Ex Coordinador Regional de Seguridad Pública en La Araucanía.
Con Información de www.lavozdepucon.cl







