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La ciberseguridad ha captado la atención de la sociedad, el gobierno y el sector empresarial, en medio de una creciente ola de ataques digitales que anualmente afectan las infraestructuras críticas tanto de empresas como de Estados. Estas circunstancias han evidenciado cómo el crimen organizado ajusta constantemente sus tácticas, adaptándose a nuevas tecnologías para llevar a cabo sus ciberdelitos.
El cibercrimen ha llegado a ser tan avanzado que hoy podemos referirnos a grandes grupos dedicados a la realización de fraudes, engaños y robos de identidad. Esto ha llevado a que tanto empresas como individuos se vuelvan más conscientes no solo de la información que comparten, sino también de la necesidad de proteger sus dispositivos para evitar posibles vulneraciones en sus interacciones digitales.
En el ámbito empresarial, cada vez más compañías están tomando medidas para fortalecer sus sistemas de seguridad frente a las constantes amenazas. Además de ser una necesidad, estas acciones están en consonancia con marcos regulatorios, como la Ley de Marco de Ciberseguridad, que entrará en vigor en enero de 2025 y establece sanciones significativas para aquellos que no cumplan con sus requerimientos. Por tanto, el contexto actual obliga a las organizaciones a implementar protocolos internos centrados en la ciberseguridad.
Phishing: la primera línea de ataque
Uno de los desafíos de ciberseguridad más comunes en Chile son las campañas de phishing, un método que utilizan los ciberatacantes para obtener información sensible del usuario mediante engaños e ingeniería social. Así, pueden llevar a cabo delitos como extorsiones, robos de dinero o suplantaciones de identidad.
Según ESET, una empresa líder en detección proactiva de amenazas, pese a los avances tecnológicos que permiten a los delincuentes formarse en procedimientos más complejos, el phishing continúa siendo el método preferido para robar datos personales. «El phishing sigue siendo el punto de partida favorito de los atacantes. Aunque sea un enfoque más rudimentario que no requiere muchos conocimientos, sigue siendo efectivo», afirma Mario Micucci, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.
Además, resalta que en lo que va del año ya se han identificado más de 2 millones de correos electrónicos con intenciones maliciosas. “Es probable que los ciberdelincuentes continúen sofisticando sus ataques de phishing a través de inversiones, lo que podría llevar a un aumento en su uso”, añade.
Otra preocupación relevante para las empresas chilenas es el uso de credenciales robadas, que suelen ser conseguidas a través de filtraciones de datos, campañas de ingeniería social o incluso su compra en mercados de la web oscura. «También hay que considerar la explotación de vulnerabilidades en sistemas desactualizados o sin parches de seguridad, facilitando así la ejecución de código malicioso, la instalación de backdoors y el movimiento lateral en la red», advierte el experto.
Lo que buscan las empresas
Chile ha experimentado avances significativos en seguridad digital en comparación con otros países de la región, lo cual se traduce en la adopción de herramientas de ciberseguridad más efectivas por parte de las empresas. «En 2025, se observa una tendencia hacia estrategias híbridas que combinan enfoques tradicionales con tecnologías más modernas», comenta el especialista.
ESET también ha notado una mayor demanda de soluciones más avanzadas, como las herramientas de Detección y Respuesta de Endpoints (EDR), que permiten identificar y responder a amenazas de manera más eficiente y en tiempo real. «Hay un claro interés en implementar autenticación multifactor (2FA) para proteger accesos remotos, así como en soluciones de respaldo y recuperación ante desastres, especialmente en un contexto donde los ataques de ransomware son frecuentes», concluye.
Los desafíos actuales
Sin embargo, un factor que complica la lucha contra estos problemas, a pesar de la inversión en soluciones, es la escasez de talento especializado en las organizaciones, lo que dificulta la incorporación y retención de profesionales capacitados para manejar ambientes cada vez más complejos.
A esto se suma la falta de madurez en los procesos internos, donde a menudo no existen políticas claras, planes de respuesta ante incidentes ni evaluaciones periódicas de riesgo. Por último, en un contexto donde la tecnología avanza rápidamente, mantenerse actualizado frente a nuevas herramientas, normativas y amenazas exige un esfuerzo constante que todas las organizaciones deberían aspirar a afrontar.
Espero que esta versión cumpla con tus expectativas.
Con Información de osornoenlared.cl







