jueves 3 abril 2025
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INIA tiene como objetivo transformar el control natural de plagas agrícolas y forestales a través de la Ecología Química.

Con el objetivo de abordar los desafíos constantes en la reducción de insectos plaga en cultivos agrícolas y forestales, investigadores del INIA Quilamapu han estado trabajando durante más de diez años en la identificación de aromas emitidos tanto por insectos como por plantas, analizando las interacciones que ocurren entre ellos.

Esta es una nueva disciplina científica que está emergiendo en el campo del control biológico de plagas en Chile, con su núcleo en el exclusivo Laboratorio de Ecología Química del INIA en Chillán. Bajo la dirección de Ricardo Ceballos, un equipo de investigadores se dedica a desarrollar métodos innovadores que se basan en el estudio de las interacciones químicas entre plantas e insectos, buscando crear productos que actúen como atrayentes o repelentes para combatir las plagas de manera ambientalmente amigable y específica.

“La ecología química permite un control más natural y eficaz de los insectos fitófagos (que se alimentan de plantas) en comparación con los métodos tradicionales”, indicó Ricardo Ceballos, doctor en ciencias de recursos naturales con 18 años de experiencia en el campo. “A diferencia de los insecticidas, que deben aplicarse directamente sobre los insectos o ser ingeridos por ellos, la ecología química busca alterar el comportamiento de los insectos mediante señales químicas, haciéndolos creer que hay un entorno que en realidad no existe”, añadió, señalando que esta estrategia es una de las más sofisticadas en el manejo de plagas.

La esencia de este método se basa en los aromas naturales que emiten plantas e insectos, conocidos como semioquímicos, que facilitan la comunicación entre ambos. El científico explicó que estas moléculas permiten crear métodos de monitoreo y control de plagas que no son tóxicos y tienen la ventaja de ser ambientalmente seguros y altamente específicos. “Esto significa que, a diferencia de los pesticidas, los semioquímicos afectan solo a una especie de insecto (la especie objetivo), sin perjudicar a otros organismos o al medio ambiente”.

Feromonas y otros semioquímicos

El Laboratorio de Ecología Química de INIA Quilamapu se enfoca principalmente en plagas que afectan cultivos agrícolas y forestales de difícil control, como aquellas que habitan en las raíces o en el interior del tallo de las plantas. Ricardo Ceballos mencionó que estos insectos están protegidos dentro de la estructura vegetal, lo que los hace inaccesibles a los métodos de control tradicionales, como los insecticidas.

Actualmente, los investigadores se están centrando en identificar feromonas, compuestos que atraen a los insectos adultos durante sus períodos de apareamiento, con el fin de capturarlos y disminuir sus poblaciones. “Este proceso requiere una gran inversión de tiempo y recursos”, destacó Ceballos, quien añadió que “puede llevar años identificar la feromona y desarrollar el medio adecuado para su aplicación en el campo”.

Además de las feromonas, en el laboratorio se está explorando el uso de otros atrayentes y repelentes dirigidos a otros estadios de vida de los insectos, como las larvas, utilizando extractos vegetales y aceites esenciales. Este enfoque diversificará las herramientas para el control de plagas, ampliando el alcance de los métodos basados en ecología química.

Control de plagas sin residuos químicos

En un contexto de creciente demanda de productos agrícolas libres de residuos químicos, los avances en ecología química proponen una solución alineada con los intereses de consumidores y productores. Ricardo Ceballos resaltó que “la ecología química brinda la capacidad de crear métodos ambientalmente aceptables, inocuos y específicos para el manejo de plagas, lo que contribuye a la producción de alimentos más saludables y seguros”.

En la actualidad, el investigador comentó que están trabajando en varias iniciativas, como el control del burrito de la vid (Naupactus xanthographus), el chinche pardo de los frutales (Leptoglossus chilensis) y la sierra del manzano (Callisphyris apicicornis), un insecto nativo que ha encontrado en los huertos de berries hospederos muy atractivos, como el arándano, causando severos daños en raíces y tallos, con extensas galerías y caída de ramas que pueden llevar a la muerte de las plantas. Actualmente, su trabajo se centra en establecer trampas en huertos comerciales de arándanos y evaluar distintos atrayentes. En las próximas temporadas, se generará la información necesaria para desarrollar un producto específico destinado a controlar esta preocupante plaga que afecta la producción de frutales.

Con Información de elmauleinforma.cl

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