Metropolitana

Fomentar un desarrollo infantil sin apuros en Chile

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En Chile, los niveles de transición de educación parvularia (NT1) están viviendo una tensión entre preparar a los cabros pa’ la educación básica y respetar sus ritmos y ganas de aprender.

Las Bases Curriculares (BCEP) y el Marco para la Buena Enseñanza (MBE EP) recalcan que el aprendizaje en la primera infancia sale del juego, la exploración y la interacción. Sin embargo, hay una preocupante tendencia a apurar la escolarización, con aulas rígidas, centradas en fichas, evaluaciones y contenido formal, que olvidan el sentido pedagógico de esta etapa y limitan el desarrollo integral de los niños y niñas.

Este enfoque, que viene de modelos escolares tradicionales, ignora que en la primera infancia las experiencias más valiosas son las que involucran movimiento, manipulación de materiales, interacción con los compañeros y descubrimiento autónomo. Al reducir la jornada a fichas, repeticiones y tareas de escritorio, se limita el desarrollo de habilidades clave como la creatividad, la autorregulación, la comunicación efectiva y la resolución de problemas. Y lo peor, se corre el riesgo de que los niños vean a la escuela como un lugar fome y lleno de exigencias fuera de lugar desde muy pequeños.

Educar en los niveles de transición no significa adelantar la educación básica, sino preparar el terreno para que los niños amen aprender. Respetar la naturaleza curiosa y activa de los cabros no implica dejar de lado los objetivos curriculares, sino alcanzarlos de manera coherente con su desarrollo. Reconocer los ritmos, intereses y emociones de la infancia no es un lujo, es una obligación ética y curricular.

Las escuelas pueden y deben jugar un rol transformador. Una propuesta concreta es diseñar experiencias pedagógicas basadas en proyectos, rincones de aprendizaje y juego libre, donde los contenidos se integren de forma natural y significativa. Esto implica capacitar a los equipos en metodologías activas, flexibilizar la planificación para incluir intereses emergentes y disponer espacios y materiales que fomenten la exploración.

La calidad educativa empieza cuando el aula se transforma en un espacio dinámico, donde el juego y la exploración son el lenguaje natural del aprendizaje. Es urgente cambiar la visión: educar es abrir caminos para aprender jugando, no imponer rutas que ahoguen su potencial.

Jenniffer Ruiz Directora Carrera de Educación Parvularia Universidad de Las Américas

Con Información de portalmetropolitano.cl

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