La expansión del cultivo de avellano europeo en Chile ha generado nuevos retos fitosanitarios, entre los que destaca el tizón bacteriano. Esta enfermedad, producida por la bacteria Xanthomonas arboricola pv. corylina (Xac), puede causar marchitez, necrosis y incluso la muerte de ramas en árboles jóvenes, lo que impacta de manera severa la producción.
Un estudio reciente publicado en la revista científica Plants (MDPI) analizó la diversidad molecular y bioquímica de este patógeno, encontrando diferencias significativas en comparación con cepas de otras partes del mundo. Esta investigación ha sido liderada desde 2018 por Set Pérez Fuentealba del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), en colaboración con investigadores de dos universidades italianas. El trabajo, titulado «Molecular and Biochemical Characterization of Xanthomonas arboricola pv. corylina Isolates Infecting Hazelnut Orchards in Chile,» incluye esfuerzos de académicos de la Universidad de Chile y la Universidad de Bolonia.
Diversidad genética y adaptación ambiental
El análisis reveló cuatro clados filogenéticos distintos entre los aislamientos chilenos de Xac, en contraste con los dos grupos reportados previamente a nivel internacional. Según Set Pérez, esta diversidad indica una diferenciación local significativa, probablemente influenciada por las condiciones agroclimáticas y las prácticas agrícolas en las que se cultiva esta especie.
Asimismo, los resultados mostraron que las cepas chilenas pueden metabolizar sorbitol y manitol, azúcares que no son utilizados por cepas de otros países. «Esto indica una flexibilidad metabólica capaz de permitir a la bacteria adaptarse a condiciones ambientales extremas, como alta radiación solar y estrés hídrico, además de tolerar mejor los agentes antimicrobianos,» explicó Pérez. El académico enfatiza que estas adaptaciones fenotípicas resaltan la importancia de investigar cómo las condiciones locales influyen en la evolución y persistencia del patógeno en diferentes zonas agroclimáticas del país.
Diagnóstico temprano y control en campo
Otro descubrimiento relevante del estudio fue la detección de Xac en hojas asintomáticas, lo que subraya la necesidad urgente de implementar protocolos de diagnóstico sensibles y específicos, así como certificación sanitaria del material vegetal. «Los viveros presentan un riesgo directo, ya que las plantas jóvenes son más susceptibles y pueden diseminar el patógeno al campo. Por ello, es crucial establecer técnicas de detección temprana basadas en biología molecular y microbiología que permitan identificar con precisión la especie y sus características fenotípicas,» comentó Pérez, quien participó en una mesa técnica del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) en 2018 para abordar esta problemática.
De cara al futuro, el equipo de investigadores de la Universidad de Chile trabaja en el desarrollo de un test rápido de diagnóstico que podrá identificar la presencia de la bacteria en menos de una hora. “Esta herramienta proporcionará a los productores una respuesta rápida in situ, lo que les permitirá tomar decisiones sobre estrategias de manejo y mitigar el impacto de la enfermedad en las plantaciones. No buscamos erradicar el patógeno, sino controlar su propagación y minimizar sus efectos,” añadió el académico.
Chile se posiciona actualmente como uno de los principales productores de avellano europeo en el hemisferio sur, con alrededor de 50 mil hectáreas cultivadas desde Maule hasta Los Lagos. Comprender las características genéticas y fenotípicas de la adaptabilidad de Xanthomonas arboricola pv. corylina es fundamental para fortalecer estrategias de manejo integrado y fomentar una producción más sostenible de avellano europeo en el país.
Con Información de osornoenlared.cl







