Los suelos salinizados sufren un empobrecimiento que entorpece el crecimiento saludable de plantas y cultivos, afectando tanto la vegetación natural como las actividades agrícolas. Ante esta problemática, la académica del Instituto de Biología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Carolina Yáñez, dirige una investigación enfocada en la simbiosis entre leguminosas (como frijoles y lentejas) y bacterias del suelo, conocidas como rizobios, que son esenciales para la fijación biológica de nitrógeno y la fertilización del suelo.
La salinidad del suelo dificulta la simbiosis entre leguminosas y rizobios. Por este motivo, el equipo liderado por Yáñez está experimentando con bacterias extremófilas, que son capaces de sobrevivir e incluso desarrollarse en condiciones adversas, como altas concentraciones de sal. El objetivo es que la incorporación de estas bacterias ayude a que la simbiosis entre rizobios y leguminosas se lleve a cabo eficazmente, incluso en suelos deteriorados, mejorando su calidad.
“El cambio climático y el uso de fertilizantes químicos están convirtiendo los suelos en zonas cada vez más salinas, lo cual resulta perjudicial para la agricultura. Nuestra propuesta es que, al utilizar estas bacterias extremófilas que poseen características específicas, podamos revivir la asociación entre rizobios y leguminosas, contribuyendo a la fertilización del suelo”, explicó la directora del proyecto.
Plantas pioneras
Las leguminosas, de la familia Fabaceae, son esenciales en la alimentación moderna. Incluyen habas, lentejas, soja, arvejas, porotos y alfalfa, así como también plantas como el culén y el espino. Ecólogicamente, son clave para la fertilización del suelo, ya que facilitan la asociación con los rizobios, incorporando nitrógeno al mismo.
“En áreas con escasa cobertura vegetal, es común que las leguminosas sean las primeras en aparecer, actuando como plantas pioneras que nutren el suelo y permiten que el banco de semillas existente comience a regenerarse”, señaló Carolina Yáñez, quien también dirige el magíster en Ciencias Microbiológicas de la PUCV.
Esta investigación forma parte del proyecto Fondecyt titulado “Explotación de la asociación de bacterias promotoras del crecimiento de plantas en ambientes extremos y su simbiosis con leguminosas para la mejora de suelos agrícolas afectados por la sal”. Actualmente, está en una fase inicial, realizando pruebas controladas en laboratorio con el poroto como modelo, y planea avanzar hacia ensayos de campo en localidades como Petorca en los próximos años.
Yáñez añadió que “el suelo es esencial para el reciclaje de nutrientes y proporciona servicios ecosistémicos clave. Es un recurso no renovable, ya que su formación toma miles de años, pero a menudo es abusado por la contaminación, el vertido de basura y las quemas, lo que puede llevar a su pérdida”.
Las bacterias
La investigadora de la PUCV, Constanza Rojas, explicó que están recolectando bacterias extremófilas de tres fuentes: el cepario del laboratorio de Ecología Molecular y Microbiología Aplicada de la Universidad Católica del Norte (co-investigadores del Fondecyt), el salar de Huasco y la región de Puquios en Copiapó. Se evaluarán alrededor de 50 cepas, enfocándose especialmente en su tolerancia a la sal y sus propiedades promotoras del crecimiento, para posteriormente realizar ensayos de asociación con rizobios en plantas de poroto.
“Comenzaremos un análisis de estas 50 bacterias, observando su crecimiento y tolerancia a la sal, entre otros aspectos, para seleccionar las más adecuadas y probar su asociación con rizobios”, agregó la investigadora.
Al mismo tiempo, Yerko Contreras, un estudiante de último año de Licenciatura en Biología de la PUCV, está a cargo de estandarizar las condiciones de crecimiento de las plantas de poroto en el Laboratorio de Microbiología, para evitar sesgos en su desarrollo durante la asociación con las bacterias.
Con Información de osornoenlared.cl







