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¿Estamos listos para resguardar la operación y la información?

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En los últimos años, la conversación sobre ciberseguridad ha estado marcada por la preocupación y la urgencia. Ataques, filtraciones y caídas de sistemas son parte del día a día en las noticias, provocando una sensación constante de vulnerabilidad. Pero hay que hacer una distinción importante: que existan amenazas no significa que estemos a la deriva. Hoy las organizaciones tienen acceso a la tecnología, el conocimiento y las metodologías necesarias para proteger sus operaciones, cuidar los datos y asegurar la continuidad de sus servicios.

La transformación digital avanzó a pasos agigantados, y eso ha ampliado la superficie de exposición. Esta realidad pide un cambio de enfoque: dejar de ser reactivos y adoptar una estrategia de resiliencia digital. Hablamos de la capacidad de anticipar incidentes, soportarlos cuando ocurren, recuperarse rápidamente y aprender para reforzar los sistemas. Esa resiliencia ya no es un ideal, sino una habilidad concreta que se puede diseñar, medir y gestionar.

En Chile, este desafío se vuelve aún más relevante. La implementación del Marco de Ciberseguridad y el avance de la nueva Ley de Protección de Datos Personales establecen obligaciones claras para las organizaciones, como la obligación de notificar incidentes relevantes a la Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI). Este aspecto obligatorio no solo eleva los estándares, sino que también refuerza el Sistema Nacional de Ciberseguridad, fomentando una mayor transparencia, coordinación y aprendizaje colectivo ante amenazas cada vez más sofisticadas.

Desde un enfoque tecnológico, hoy contamos con arquitecturas probadas que permiten enfrentar eventos críticos sin afectar el negocio. Modelos de escalabilidad flexible, servicios distribuidos en la nube, segmentación inteligente y mecanismos automáticos de mitigación frente a ataques —como los DDoS— son parte del estándar disponible. Estas soluciones permiten absorber picos de demanda, contener incidentes y mantener la operación activa, incluso en momentos de máxima presión.

Pero la tecnología sola no basta. La resiliencia digital también se construye a través de la preparación y capacitación. Pruebas periódicas, test de estrés y simulaciones de escenarios críticos ayudan a prever el comportamiento real de la infraestructura y del equipo humano. En un contexto regulatorio más estricto, esta preparación es la clave para responder a tiempo, cumplir con las obligaciones de reporte y minimizar los impactos operacionales, comerciales y reputacionales.

Otro punto clave es el monitoreo continuo. Tener centros de operación de seguridad especializados, vigilancia 24/7, herramientas avanzadas de detección y planes claros de recuperación permite identificar anomalías a tiempo y actuar antes de que un incidente escale. Esta combinación de prevención, detección y respuesta convierte a la ciberseguridad en un habilitador del negocio y de la confianza pública.

La experiencia muestra que las organizaciones que no planifican asumen costos mucho mayores: interrupciones en el servicio, procesos de recuperación enredados y pérdida de credibilidad. En cambio, aquellas que integran la resiliencia digital en su estrategia —siguiendo el marco normativo chileno— logran más estabilidad, continuidad y confianza ante clientes, usuarios y ciudadanos.

La ciberseguridad no debe ser vista desde el miedo, sino desde la preparación. Hoy tenemos las herramientas para proteger nuestras operaciones y datos de manera efectiva. La diferencia no está en evitar todos los incidentes, sino en cuán preparados estamos para responder, informar y recuperarnos rápidamente, contribuyendo así a un ecosistema digital más resiliente en el país.

Por Pablo Álvarez, gerente de Negocios y Ciberseguridad de Entelgy Chile

Con Información de portalmetropolitano.cl

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