Iván Palomo, Académico, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Talca.
La Región del Maule enfrenta un desafío crucial para su futuro: el rápido envejecimiento de su población. Esta no es una proyección lejana, sino una realidad que impacta directamente en la planificación regional, la demanda de servicios públicos, la cohesión territorial y la calidad de vida de sus comunidades.
Según el Censo 2024, el 15,2% de la población en el Maule tiene 65 años o más, superando el promedio nacional del 14,0%. Si se considera a las personas a partir de los 60 años, este porcentaje se acerca al 20% en la región. Además, el índice de envejecimiento regional es de 83,9, comparado con el 79 del promedio nacional. En términos sencillos, por cada 100 niños menores de 15 años, hay casi 84 personas mayores. Estas cifras muestran que el Maule está envejeciendo más temprano y de manera más intensa que el promedio del país, con diferencias entre sus comunas.
Ante esta situación, es fundamental entender que el envejecimiento no inicia a los 60 o 65 años. Un envejecimiento saludable es un proceso que se desarrolla a lo largo de toda la vida, desde la infancia hasta la vejez. Factores como la educación, la alimentación, la actividad física, la vivienda, el empleo, la movilidad y la participación social, acumulados a lo largo de los años, son determinantes en cómo se envejece.
Por lo tanto, el reto para el Maule no es solo atender las necesidades actuales de las personas mayores, sino integrar el envejecimiento saludable como un principio clave en la planificación regional.
Cuando este enfoque se omite, el envejecimiento es visto únicamente como un gasto y una presión sobre los sistemas de salud y cuidados. Por el contrario, al incorporarlo desde una etapa temprana, se convierte en una inversión social que genera bienestar y cohesión territorial.
La evidencia resalta que la calidad de vida en la vejez depende no solo de la atención sanitaria, sino también de factores sociales y territoriales. En una región rural como el Maule, el acceso a transporte, servicios cercanos, espacios públicos seguros, vivienda adecuada y redes comunitarias son vitales para mantener la autonomía y funcionalidad a lo largo del tiempo.
El Gobierno Regional del Maule, junto a las distintas SEREMI y municipios, debe reconocer el envejecimiento saludable a lo largo del ciclo de vida como un eje estratégico, al igual que la equidad territorial, la productividad y la adaptación al cambio climático. Esto implica considerar su impacto en la asignación de recursos regionales, la priorización de inversiones, la articulación con los municipios y la coordinación con los sectores de salud, vivienda, transporte y educación.
En términos prácticos, es necesario fortalecer la atención primaria con un enfoque preventivo y funcional; crear entornos y ciudades amigables para todas las edades; desarrollar una red regional de cuidados; y fomentar la participación social e intergeneracional. Estas acciones ayudarán a prevenir futuras dependencias y fragilidades, beneficiando no solo a las personas mayores actuales, sino también a las generaciones en otras etapas de su vida.
El Maule tiene la oportunidad de liderar un desarrollo regional moderno, entendiendo que planificar para un envejecimiento saludable es parte de planificar una vida digna en todas las edades. Ignorar esta dimensión no solo profundiza brechas futuras, sino que compromete la sostenibilidad social y territorial de la región.
Planificar el envejecimiento saludable a lo largo de la vida no es una opción sectorial; es una decisión estratégica para el desarrollo regional. En una región que está envejeciendo más rápido que el resto del país, actuar a tiempo es una responsabilidad pública.
Con Información de www.diarioelcentro.cl








