En el corazón de Los Ángeles, una persona destaca por continuar un antiguo oficio que es hoy en día el último que se ejerce en su forma tradicional. A pesar de su edad, sigue brindando su servicio con dedicación, siempre acompañado de su radio.
El bullicio de los autos y el constante ir y venir de las personas llena el aire en la Plaza de Armas de la capital provincial del Biobío. Sin embargo, una figura resalta entre la multitud, ocupando un rincón del lugar y transformando la atmósfera gracias a la música que lo acompaña.
Mario Escobar Montoya, de 74 años, ha dedicado su vida al oficio de lustrabotas, convirtiéndose en un referente y un patrimonio viviente de la ciudad. Según el sitio “Reportero Patrimonial Los Ángeles”, inició su carrera a los 22 años, tras un accidente en la estación ferroviaria de Coihue que le costó una pierna.

Una vida dedicada al lustre
Así fue como comenzó en este oficio, que ha mantenido sin interrupciones hasta hoy, con sus paños, cepillos, betún y todo lo necesario para realizar su trabajo. A pesar de las dificultades, siempre sonríe, siendo reconocido como el último en hacerlo.
La historia de Mario forma parte del patrimonio cultural de Los Ángeles, y aunque muchos lustrabotas han desaparecido, su legado perdura en la memoria colectiva, con relatos y anécdotas que brindan un aire único a este rincón de la Plaza de Armas, frente a la inminente modernización.
Según José “Pepe” Riquelme, el oficio de lustrabotas comenzó a principios de 1900, cuando el calzado de cuero predominaba en la vida cotidiana. Estos profesionales surgieron para ofrecer servicios de limpieza en un tiempo donde el polvo era un constante enemigo de los transeúntes.
Entre los nombres destacados se encuentran Víctor Véjar Soto, “El Capitán”, y Orlando Cuevas, “Rockanroll”. En esos tiempos de alta cesantía, muchos niños iniciaban su vida laboral muy jóvenes, a menudo en condiciones difíciles.
Otros lustrabotas notables fueron José Eugenio Pezoa Canales, conocido como “El Muleta”, quien estuvo casi 20 años en el oficio. También Pedro Acuña, “El Caña”, con 25 años de experiencia. Ambos han fallecido. Por su parte, Juan Villegas, apodado “El Goma”, dejó el oficio tras 18 años debido a problemas de salud.
Un legado que perdura
Con el tiempo, el número de lustrabotas ha disminuido, pero han demostrado que cada oficio tiene su valor, a pesar de las adversidades. Si se realiza bien, el trabajo tiene un sentido profundo.
La Plaza de Armas de Los Ángeles se ha convertido en el punto de encuentro de estos lustrabotas, quienes esperan a sus clientes con el periódico del día. Hoy, Mario Escobar Montoya es el último exponente de esta labor histórica, recordada por quienes pasan a toda prisa en busca de un nuevo empleo, dejando una huella imborrable en su memoria.
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Con Información de elcontraste.cl







