Era la tarde del 23 de marzo de 1982 cuando, alrededor de las 14:00 horas, una densa humareda negra comenzó a elevarse por encima de Los Ángeles, alertando a los habitantes de la ciudad. Poco después, la sirena del Cuerpo de Bomberos rompió la calma, anunciando lo que sería uno de los incendios más destructivos en la historia urbana local, afectando a un campamento.
El incendio tuvo su origen en el asentamiento “En Tránsito”, una población precaria cercana al centro de la ciudad, donde más de 10.000 personas vivían en condiciones de alta vulnerabilidad. La tragedia inició cuando una plancha de carbón encendida por accidente alcanzó las cortinas de una casa, propagando rápidamente las llamas entre las viviendas hechas de madera, cartón y otros materiales ligeros.
A pesar de los esfuerzos de cinco compañías de bomberos, la escasez de grifos y recursos complicó el combate del fuego. Los vehículos de emergencia y el personal municipal trabajaron arduamente, pero en cuestión de minutos, 337 viviendas fueron consumidas, afectando a 2.122 personas. Afortunadamente, no se reportaron víctimas fatales, aunque hubo numerosos heridos y varias personas sufrieron crisis nerviosas.
Un campamento en caos
El caos invadió las calles del centro de Los Ángeles, especialmente cerca de la emergencia. Muchos vecinos, sin experiencia en estas situaciones, intentaban ayudar mientras los bomberos luchaban contra el fuego sin tregua. Explosiones esporádicas de cilindros de gas y la fragilidad de las viviendas hicieron que el incendio avanzara rápidamente. El estero Quilque estaba cerca, pero la falta de infraestructura adecuada limitó el acceso al agua para controlar la situación.
Tras la catástrofe, la ciudad se movilizó a través de campañas de ayuda organizadas por el comercio, empresas, instituciones, agrupaciones vecinales y medios de comunicación. Los afectados fueron realojados en campamentos provisionales en terrenos municipales, bodegas antiguas y escuelas, enfrentando frío y lluvia durante años, en muchas ocasiones en condiciones peores que las que habían dejado atrás.
La reconstrucción fue demasiado lenta para muchos, ya que recién en 1986 comenzaron a surgir soluciones habitacionales permanentes. Algunas familias se trasladaron a la nueva Población Pedro de Córdova (posteriormente conocida como Santiago Bueras), mientras que otras fueron reubicadas en la Población Lagos de Chile y posteriormente en la Población Escritores de Chile, en el barrio Paillihue. No fue hasta el 2001 que los últimos habitantes del viejo campamento “En Tránsito” fueron reubicados en diversas áreas del sur de la ciudad.

El origen
Es importante mencionar que este lugar fue establecido en agosto de 1973 como un asentamiento temporal para familias que llegaron del campo, en busca de mejores oportunidades de empleo y vivienda. Sin embargo, la falta de soluciones por parte del Estado, la llegada de nuevos ocupantes y las difíciles condiciones económicas transformaron este espacio en un enclave de miseria extrema, marcado por la ausencia de agua potable, alcantarillado y electricidad.
Más de cuatro décadas después, el recuerdo del incendio de 1982 y del campamento “En Tránsito” perdura, actuando como un testimonio de la resiliencia de sus habitantes y de una tragedia urbana que cambió permanentemente la historia de Los Ángeles.
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Con Información de elcontraste.cl







