Biobío

El recuerdo de la tragedia de 1996 que conmovió a Los Ángeles tras un accidente aéreo en Perú.


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Los Ángeles | Juvenal Rivera

Un doloroso accidente tuvo lugar a mediados de los años 90, causando la muerte de decenas de chilenos, entre ellos dos jóvenes de Los Ángeles. Este suceso generó un profundo luto en la ciudad y en todo el país a medida que se conocía la magnitud del desastre.

El 29 de febrero de 1996, Soledad Novales Nazal y Pamela Antonacos Torres, de 20 años, estudiantes de periodismo y arquitectura respectivamente, se embarcaron en un viaje a Ecuador, Colombia y Perú, una aventura que habían planeado durante mucho tiempo.

El vuelo de Faucett, que cubría la ruta de Lima a Tacna, debería haberlas traído de vuelta a Chile, pero todo cambió drásticamente debido a una falla en los instrumentos de vuelo y la densa neblina. Esto llevó a una de las peores tragedias aéreas en Perú.

El avión perdió el control y se estrelló contra un cerro, rompiéndose en dos. Ambas amigas, junto a 114 pasajeros y siete tripulantes, perdieron la vida. Entre los muertos había 42 chilenos, la mayoría menores de 25 años, según el periodista Juvenal Rivera, quienes estaban aprovechando sus vacaciones de verano.

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La reacción en Los Ángeles

La noticia se propagó rápidamente; el 1 de marzo, las emisoras radiales informaron sobre la caía del avión y el número de víctimas, pero pasaron algunas horas antes de que se confirmara que Soledad y Pamela formaban parte de la trágica cifra.

Esto generó un profundo sentimiento de tristeza en la ciudad, especialmente porque Soledad era hija de un médico reconocido, y Pamela de un empresario del transporte local. La familia y amigos se movilizaron inmediatamente para viajar, en medio de la creciente preocupación de otros compatriotas y sus familias tras conocer las noticias.

Días más tarde, el 8 de marzo, los féretros de ambas jóvenes llegaron al aeródromo de María Dolores. La recepción fue masiva: familiares, amigos y conocidos se congregaron, convirtiendo el velorio y funeral en un acontecimiento conmovedor, adornado con flores y pañuelos blancos en las calles.

Las instituciones educativas donde ambas cursaban sus estudios también se unieron a la memoria de las jóvenes con importantes homenajes. En honor a Pamela, la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Biobío creó un premio al mejor compañero entre sus egresados.

En el caso de Soledad, su familia estableció una beca de postgrado para los egresados de la carrera de Periodismo de la Universidad Diego Portales. Hoy, ambas jóvenes son recordadas en Los Ángeles, donde la memoria de aquella tragedia perdura en el corazón de la ciudad y del país.

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Con Información de elcontraste.cl

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