Metropolitana

El periodista Rodrigo Cid nos cuenta sobre su libro centrado en los temidos agentes de la DINA – Radio Portales

Por Cristian Álvarez

A pesar de los avances de los últimos años, aún hay muchas heridas que sanar en Chile. Algunas ya están en proceso de cicatrización, pero hay otras que siguen abiertas. Claro, estos episodios pasaron hace más de 50 años, pero hay quienes insisten en reivindicar lo que ocurrió e incluso quieren que se repita. Además, siguen sin encontrarse a todas las personas que desaparecieron.

Este libro ofrece una visión novedosa: la experiencia de los victimarios y sus familias, así como de quienes sufrieron a manos de ellos. Se trata de «El horror enmascarado», editado por la editorial “Planeta” y escrito por el periodista Rodrigo Cid, quien actualmente trabaja en Televisión Nacional. Su carrera empezó reportando los juicios que llevaron a la cárcel a figuras como Manuel Contreras y Osvaldo Romo, quienes formaron parte de la temida DINA, creada en 1974 por la dictadura de Augusto Pinochet. En el lanzamiento del libro, realizado en el Museo de la Memoria en Santiago, se relata cómo fueron esos procesos judiciales y las repercusiones familiares de esos agentes.

En esta entrevista que nos envió por WhatsApp, Rodrigo Cid, ahora Subgerente de Regiones en TVN, nos cuenta sobre el proceso de realización del libro, los casos que lo marcaron y su visión sobre un período que aún nos duele:

¿Cómo nació la idea de hacer este libro?

“A fines de 2024, leí el libro que escribieron Sofía, Cecilia y Angélica Prats sobre los 50 años de búsqueda de verdad y justicia por el asesinato de sus padres, el general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. El atentado, que perpetró la DINA en Buenos Aires, fue ordenado directamente por Manuel Contreras. Al leerlo, me di cuenta de que había aspectos poco explorados sobre este personaje, y así surgió la necesidad de profundizar. A medida que avanzaba la investigación, fui encontrando también los perfiles de otros represores, parte de esa lamentable maquinaria de la dictadura. Lo más impactante fue descubrir la doble vida que llevaban: eran torturadores feroces en el cuartel, pero en sus círculos familiares parecían personas normales.”

¿Cómo fue el trabajo de recolección de datos y fuentes para el libro?

-“Fue un trabajo de investigación bastante intenso, analizando cientos de documentos, archivos desclasificados y sentencias judiciales. A esta base se sumaron decenas de entrevistas con sobrevivientes, jueces, policías y académicos, lo que ayudó a contextualizar y dar profundidad a los hechos. Cada episodio está fechado y vinculado a personas específicas. Esta precisión es clave para demostrar que la tortura fue un sistema organizado, no algo improvisado. El libro cuenta además con las voces ineditas de los mismos victimarios.”

De todos los casos de violaciones a los DD.HH que cubriste, ¿cuál te conmovió más?

“Voy a poner un ejemplo que simboliza la brutalidad de la DINA. Se trataba de un detenido militante del MIR que sufrió las torturas de Osvaldo Romo y Basclay Zapata. Un domingo, el ‘Guatón’ Romo y el ‘Troglo’ lo subieron al segundo piso del cuartel de Londres 38 y lo sometieron a tortura eléctrica. Luego, lo bajaron con mucho cuidado y le trajeron cigarrillos y chocolates. Romo le dijo a un testigo que ya estaban relajados y por eso se iban. Nunca le preguntaron nada relevante, solo se dedicaron a torturarlo. En una ocasión, Romo llamó a la mamá para decirle que llevarían a su hijo a casa y le pidió que le preparara pollo asado y papas fritas. Mientras veían partidos de fútbol, el detenido solo era un pretexto. Y esto pasó muchas veces. Imagínate el sufrimiento de esa madre.”

De los agentes de la DINA que mencionas, ¿cuál consideras el más cruel?

-“No puedo destacar uno solo, ya que había perfiles distintos. Algunos, como Osvaldo Romo, disfrutaban del sufrimiento y mostraban un sadismo brutal. Romo, por ejemplo, al torturar a mujeres embarazadas decía frases terribles como ‘ahora le toca a la guagüita’ mientras les aplicaba corriente. Otros actuaban sin remordimientos, como Moren Brito, que llegó a secuestrar y asesinar a su propio sobrino. También estaban quienes utilizaban la violencia de manera técnica como Miguel Krassnoff, que dirigía las sesiones de tortura. Manuel Contreras simboliza la crueldad a gran escala, ya que diseñó métodos de tortura que buscaban no solo información, sino también destruir a las personas.”

¿Te encontraste con algún caso de arrepentimiento entre los agentes que cometieron asesinatos y torturas?

-“La mayoría de ellos sigue negando sistemáticamente los crímenes. A excepción de algunas contadas ocasiones, no han colaborado para esclarecer los casos ni para dar información sobre el paradero de los detenidos desaparecidos.”

¿Cómo han vivido sus vidas las familias de estos agentes acusados?

-“Lo que más me impactó fue que en muchos casos la misma frialdad de ánimo que mostraban los agentes también se reflejaba en sus familias. Hijos y nietos repiten el discurso de sus parientes, como si nada hubiera pasado. Esto muestra un problema más profundo: como país hemos fallado en construir un relato común sobre la importancia de los derechos humanos. No basta con mirar al pasado, también necesitamos educar en el presente para que nunca más se repita.”

¿Realmente ha habido verdad y justicia para investigar y juzgar estos casos?

-“Desde 1990, la justicia en Chile ha sido muy lenta. A excepción de un par de casos emblemáticos, como el asesinato de Orlando Letelier o el caso Degollados, la impunidad ha sido la norma hasta el 2003, 30 años después de los crímenes. Por eso muchos condenados están cumpliendo penas a edades avanzadas, porque la justicia llegó demasiado tarde, tanto para las víctimas como para los victimarios.”

Cuando eras reportero de terreno investigando estos casos, ¿hubo restricciones para informarte?

-“Sí, existían restricciones, principalmente por el antiguo sistema penal que permitía órdenes de prohibición para informar sobre ciertas causas. Era común que los tribunales limitaran el acceso a información clave, lo que dificultaba una cobertura completa de los casos.”

¿Crees que las nuevas generaciones han aprendido las lecciones de estos casos?

-“Chile todavía no ha cerrado su relación con el pasado y las nuevas generaciones pueden jugar un papel clave. Es fundamental que estos temas se enseñen y discutan en las escuelas y universidades. La discusión sobre la impunidad va más allá del ámbito jurídico; es una cuestión ética y política que interroga el compromiso del Estado con los derechos humanos. Que estos temas sigan siendo controversiales revela que la memoria está en disputa y que la impunidad persiste como una deuda con la democracia.”

¿Crees que el país superará las consecuencias de las violaciones de DD.HH durante la dictadura?

-Creo que aún estamos lejos de eso. Mientras no lleguemos a un consenso sobre la defensa de los derechos humanos, será muy difícil dejar atrás los traumas del pasado y avanzar juntos hacia el futuro.

El reconocimiento pleno de lo ocurrido y un compromiso real con la memoria, la verdad y la justicia son esenciales para cerrar las heridas que siguen abiertas y que marcan a la sociedad chilena.”

Con Información de radioportales.cl

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *