
Una investigación sobre convivencia escolar en seis regiones del país muestra una alta exposición a burlas digitales, discriminación y una percepción baja de sanciones efectivas en los colegios.
Bullying escolar, convivencia, salud mental estudiantil, ciberbullying y discriminación en escuelas son algunos de los hallazgos principales de un estudio con estudiantes de básica y media, que señala un impacto significativo del maltrato escolar en el bienestar emocional de los niños y adolescentes, justo antes de que comience el año escolar.
La investigación, centrada en convivencia y bienestar, se llevó a cabo en nueve colegios de seis regiones, a través de encuestas online. Se recopilaron más de 55 mil respuestas de 900 estudiantes entre 10 y 16 años, revelando alertas que van más allá de lo disciplinario y están conectadas con la salud mental escolar.
Un dato preocupante es que el 15% de los estudiantes cree que quienes sufren maltrato en la escuela pueden sentir deseos de morir o hacerse daño, lo que establece una relación directa entre violencia escolar y consecuencias emocionales graves. Según el análisis, esto se convierte en un asunto de salud pública, reflejando percepciones de alto riesgo en la comunidad educativa.
“Cuando un 15% de los estudiantes asocia el maltrato con deseos de morir o autolesionarse, ya no estamos ante un problema solo disciplinario. Es una señal de riesgo en salud mental que necesita detección temprana y protocolos claros”, dice Mari Navarro, experta en innovación digital y CEO de Edumokia.
El estudio también muestra que el 40% de los estudiantes piensa que una víctima de maltrato siente miedo de ir al colegio, lo cual se relaciona con riesgo de ausentismo crónico y un daño en su trayectoria educativa.
Los resultados también indican un traslado del conflicto al ámbito digital. Un 52% de los estudiantes admite haber participado o presenciado burlas online, como memes, stickers o videos ofensivos, además de comentarios agresivos en redes sociales. También el 45% dice haber mentido sobre su edad y conversado con desconocidos en videojuegos o plataformas digitales, lo que incrementa la exposición a riesgos fuera del aula.
En cuanto a la discriminación, el 24% identifica como principales víctimas a quienes “piensan diferente a la mayoría”, seguido por un 17% que menciona a estudiantes con sobrepeso o bajo peso, sugiriendo un cambio en los patrones de bullying, con más intolerancia ideológica y exclusión simbólica.
Desde el enfoque institucional, el 41% de los estudiantes atribuye la mala convivencia al incumplimiento de normas y la falta de diálogo, sin embargo, sólo el 20% siente que se aplican sanciones efectivas ante actos discriminatorios, lo que forma una brecha entre la normativa y la gestión escolar que podría debilitar la confianza en la autoridad y desincentivar la denuncia.
“La normativa está, pero si los estudiantes no ven que se aplica de manera consistente, el sistema pierde legitimidad. La convivencia escolar necesita gestión basada en datos, seguimiento constante y acciones visibles para toda la comunidad educativa”, añade Navarro.
De cara al regreso a clases, el estudio plantea que el desafío para los colegios no es solo reforzar la convivencia escolar, sino también fortalecer la detección temprana de riesgos socioemocionales y asegurar que las normas se apliquen de manera coherente. Las cifras demuestran que la violencia escolar debe ser vista no solo como un problema de conducta, sino como un fenómeno que tiene implicancias directas en la salud mental, el clima institucional y la trayectoria educativa de los estudiantes.
Con Información de portalmetropolitano.cl







