Dr. Roberto Rojas, Académico del Instituto de Ciencias Naturales UDLA Sede Viña del Mar.
El Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, que se celebra cada 16 de septiembre, recuerda la firma del Protocolo de Montreal de 1987. Este acuerdo tiene como objetivo eliminar la producción y el uso de sustancias que dañan el ozono en la atmósfera.
Desde un punto de vista químico, la capa de ozono (O3) se encuentra en la estratósfera y está formada por tres átomos de oxígeno. Su función es crucial, ya que filtra la radiación ultravioleta (UV) del sol, en particular los rayos UV-B, que son nocivos para la vida en la Tierra. A finales del siglo XX se constató que los clorofluorocarbonos (CFC), utilizados en aerosoles y liberados a la atmósfera, estaban deteriorando esta capa protectora.
El ozono también puede encontrarse a nivel del suelo, pero en condiciones muy diferentes. En bajas concentraciones, actúa como un contaminante. La quema de combustibles fósiles produce óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos que, al interactuar con la luz solar, generan ozono a baja altitud. Este tipo de ozono es perjudicial para la salud, ya que la exposición prolongada puede causar problemas respiratorios, irritación ocular y empeoramiento de enfermedades pulmonares crónicas, entre otros efectos negativos.
Abordar estos desafíos requiere la colaboración de toda la comunidad. Chile ha asumido un compromiso con la protección del medio ambiente y está activamente trabajando en la reducción de emisiones de sustancias que afectan la capa de ozono. La preservación de esta capa no solo protege la salud de las personas, sino que también es esencial para la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas.
El avance en esta meta depende de la cooperación internacional, la innovación tecnológica y el compromiso de cada individuo.
Con Información de www.elrancaguino.cl








