El pasado fin de semana, la ciudad de Los Ángeles se despidió de una de sus comerciantes más icónicas y queridas, quien dejó un legado de perseverancia en su establecimiento, ubicado a pasos del centro de la ciudad.
Ignacia Mundaca Flores, nacida en 1930, comenzó su trayectoria como locataria a los 12 años, ayudando a su padre en un pequeño negocio en la calle Villagrán. Posteriormente, se trasladó a Almagro con Tucapel, donde dirigió una zapatería y un almacén.
En 1951, se casó con Francisco Montoya Ortiz y tuvieron cuatro hijos. A lo largo de los años, con la experiencia adquirida, fundó “Casa Amarilla”, un comercio especializado en plásticos y menajes del hogar. Ignacia rompió las barreras de género de su época y se destacó por su esfuerzo y dedicación.
Desafortunadamente, enviudó joven y decidió no volver a casarse, continuando con su negocio para sustentar a su familia. Su contribución a la historia de Los Ángeles fue reconocida por José “Pepe” Riquelme, quien la eligió como un ejemplo inspirador para futuras generaciones.
Un adiós conmovedor en Los Ángeles
A los 95 años, Ignacia falleció después de celebrar las Fiestas Patrias, rodeada de su familia y seres queridos. Durante su vida, se destacó como una persona que dedicó todo su esfuerzo a su familia y su negocio, que, aunque ha cerrado sus puertas, dejó un legado de historias y recuerdos imborrables.
Cabe destacar que, el 19 de mayo, recibió un galvano en el auditorio de la Corporación Cultural Municipal de Los Ángeles, un reconocimiento a su trayectoria y a la prueba de que nunca es tarde para seguir adelante.

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Con Información de elcontraste.cl







