Iván Palomo G. / Director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y el Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG); integrante de la directiva de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile (SGGCH).
El envejecimiento poblacional se considera uno de los fenómenos demográficos más relevantes del siglo XXI, tanto a nivel global como en Chile y nuestra Región. Este fenómeno se origina por la disminución de la tasa de natalidad y el aumento de la esperanza de vida. En este contexto, la OMS-ONU declaró la Década del Envejecimiento Saludable (DES, 2021-2030). La OMS, encargada de liderar esta iniciativa, estableció cuatro áreas de acción: (i) Transformar la percepción, los sentimientos y la conducta hacia la edad y el envejecimiento, (ii) Fomentar comunidades que respalden las capacidades de las personas mayores, (iii) Proporcionar atención de salud integrada, centrada en la persona y adaptada al envejecimiento, y (iv) Asegurar el acceso a atención a largo plazo para quienes la requieran. En columnas previas, abordé la DES y sus dos primeras acciones; en esta ocasión, me enfocaré en la tercera acción: Proporcionar atención de salud integrada, centrada en la persona y adaptada al envejecimiento.
En diversos lugares del mundo, incluyendo Chile y la Región del Maule, la atención de salud que se brinda a las personas mayores no se ajusta adecuadamente a las complejidades de la adultez mayor. De hecho, la OMS ha identificado este problema como una de las cuatro acciones prioritarias durante la DES.
La tercera acción estratégica de la DES sugiere una transformación del modelo de atención, pasando de una perspectiva segmentada (centrada en enfermedades aisladas, con protocolos rígidos y atención fragmentada) a un enfoque que ofrezca atención de salud integrada, centrada en la persona y adaptada al envejecimiento. Esto implica situar a la persona mayor en el centro del proceso, reconociendo su historia, contexto, prioridades y las múltiples condiciones de salud que pueden relacionarse entre sí. Esta acción requiere que se entienda que la multimorbilidad, la fragilidad, la dependencia funcional y el deterioro cognitivo exigen respuestas integradas, y no compartimentos estancos.
La transformación propuesta es profunda. Se espera que la atención proporcionada por médicos y otros profesionales de la salud se centre en la persona mayor, lo que conlleva escuchar lo que ellos consideran importante, además de los hallazgos clínicos, de laboratorio y de imágenes. Los profesionales de la salud deberán ir más allá, acompañando procesos vitales que a veces incluirán pérdidas, cambios en la funcionalidad, reconfiguraciones de vínculos y la necesidad de apoyo emocional.
Avanzar en la dirección indicada por la tercera acción estratégica requiere invertir en la formación gerontológica y geriátrica del equipo de salud en todos los niveles de atención, desde la atención primaria hasta la especializada. Es probable que muchos profesionales que atienden a personas mayores se enfrenten a situaciones complejas sin los recursos necesarios, lo que genera frustración tanto en el personal como en los pacientes.
Es urgente dotar a los establecimientos de atención primaria (CESFAM, CECOSF) de varios aspectos, tales como: (i) mayor capacidad resolutiva, (ii) fortalecimiento del trabajo en red, (iii) inclusión de kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos y psicólogos, y (iv) avance hacia modelos que ofrezcan, con mayor cobertura, prevención de dependencia, autocuidado y salud mental.
La atención integrada también contempla la coordinación entre diferentes niveles de atención, entre los servicios de salud y los sociales, así como entre los servicios de salud y los domicilios. De este modo, es posible que algunas hospitalizaciones se eviten mediante la creación de equipos de atención domiciliaria o la mejora de sistemas de seguimiento funcional en los casos que ya existan.
Adaptar la salud al envejecimiento poblacional representa un acto de justicia social, un reconocimiento del valor de cada etapa de la vida y un compromiso con el derecho a envejecer con dignidad. Una atención centrada en la persona es aquella que acompaña, comprende y contribuye al bienestar, más allá del diagnóstico y tratamiento.
Al igual que las dos acciones estratégicas de la DES mencionadas en columnas anteriores, esta última también requiere voluntad política.
Con Información de www.diarioelcentro.cl








