Metropolitana

Claro, ¿podrías darme el titular original para que lo pueda reescribir al estilo chileno?

Desde La Pintana a la U. de los Andes, historia de superación de Alen Iturra, becado al 100% gracias a la educación de la Fundación Nocedal.

Desde La Pintana hasta la U. de los Andes: la historia de superación de Alen Iturra, quien logró una beca del 100% gracias a la educación de la Fundación Nocedal.

Con solo 20 años, Alen Iturra ya ha desafíado al destino. Nacido y criado en la población El Castillo, una de las zonas más complicadas de La Pintana, hoy estudia Derecho en la Universidad de los Andes, siendo beneficiado con una beca completa gracias a la formación académica, valórica y cultural que recibió en el Colegio de la Fundación Nocedal.

De cabro chico, era pan de cada día escuchar balaceras en su barrio. Su mamá, bien estricta, no lo dejaba salir a jugar con libertad. Ya de más grande, entendió por qué: varios de sus antiguos compas terminaron en cana o metidos en portonazos. Alen comenta que si está donde está hoy, es gracias a esa protección y a un quiebre en su vida: el cambio de colegio en cuarto básico.

“Me portaba malísimo en el colegio anterior. Cuando mi mamá me mandó al Colegio Nocedal, no hubo discusión. Pero ahí empezó todo: encontré una buena estructura, profs exigentes y descubrí la música, que me cambió la vida”, relata.

En quinto básico, empezó en la orquesta del colegio. Aprendió a tocar viola y comenzó a participar en conciertos, incluso en barrios con alta capacidad económica como Vitacura o Las Condes. “Eso me abrió la mente. Salir y ver otras realidades, cómo viven otros. Te muestra que hay un mundo más grande y que uno puede soñar en grande”, explica.

Más adelante, eligió la especialidad técnico-profesional de electrónica, pero siempre supo que quería seguir estudiando. En cuarto medio, tras pelear entre música y humanidades, una conversación inesperada con un profe lo conectó con el decano de Derecho de la Universidad de los Andes. Esa fue la señal: Alen decidió apostar por la carrera que más le apasiona: las personas, el pensamiento crítico y la justicia.

“Sin la educación que recibí, no estaría donde estoy. No solo hablo de las clases, sino del apoyo, los valores y las oportunidades culturales. Eso es una auténtica palanca de cambio”, subraya.

Hoy, combina sus estudios con residencia universitaria gracias a apoyos y becas. Durante su primer año de carrera, viajaba hasta cinco horas diarias desde su casa hasta la universidad. En vez de rendirse, estableció rutinas: estudiaba en la biblioteca, leía el diario en la sala de espera de la facultad y aprovechó al máximo cada recurso disponible para avanzar.

Su historia es un ejemplo claro de cómo una educación de calidad, integral y con sentido, puede romper ciclos de pobreza y vulnerabilidad. De haber vivido en un sector estigmatizado por la violencia y la exclusión, Alen hoy se proyecta como un futuro abogado, sin dejar de lado su amor por la música y su compromiso con la comunidad.

“No soy un caso aislado. Esto funciona. La educación cambia vidas. Lo sé porque cambió la mía”.

Con Información de portalmetropolitano.cl

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