Maule

Autonomía genuina: El reto de honrar a nuestros mayores.

Prof. Francisca Adriazola Díaz, Escuela de Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud, Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca.

Les propongo una reflexión sencilla, especialmente para aquellos que rondamos entre los cuarenta y sesenta años: ¿cuándo fue la última vez que pedimos la opinión de nuestros padres antes de tomar una decisión que les afectara? Seguramente hay muchas razones que justifican por qué nuestra decisión final fue solo nuestra. Este dilema no es nuevo; formamos parte de una sociedad que envejece, lo que trae consigo una compleja red de dependencias y recursos, así como una variedad de hijos e hijas que buscan (o no) el bienestar de sus mayores. En este contexto, como hijos e hijas, transitamos caminos en los que a menudo no somos conscientes de las decisiones que enfrentamos. La incertidumbre de si preguntar o no, de actuar o no, se enreda en un matiz de grises que puede confundirnos. La tentación de decidir por ellos puede ser fuerte, y a veces elegimos la opción más cómoda: “yo decido por él (o ella)”.

Para arrojar luz sobre este asunto, quisiera sugerir tres acciones que promuevan y respeten la autonomía de las Personas Mayores, lecciones que he intentado aplicar en mi propia vida como hija: En primer lugar, guardemos el edadismo (la tendencia a pensar, sentir y actuar en función de la edad – Organización Mundial de la Salud). Combatir este fenómeno implica, por ejemplo, mantener una conversación sincera con nuestros mayores sobre sus deseos anticipados: ¿qué prefieren en caso de una enfermedad que requiera hospitalización o tratamientos invasivos? También es relevante discutir temas delicados como el final de la vida, compromisos económicos o bienes inmobiliarios. A pesar de la carga emocional que conllevan estos temas, sus respuestas nos ayudarán a enfrentar esas situaciones con calma y confianza, acompañándolos y devolviéndoles el poder (que siempre fue suyo) para decidir sobre su bienestar.

En segundo lugar, quiero resaltar la importancia de la compañía. La Real Academia Española define “compañía” como “junto con el pan” (del latín ad cum panis), refiriéndose a compartir alimento. Como parte de una sociedad, no solo compartimos la comida, sino también la vida, experiencias y emociones. Podemos ofrecer nuestra compañía como testigos; estar presentes sin intervenir, por ejemplo, durante una consulta médica, en una compra, o en sus decisiones, brindando nuestras opiniones o “ayuda” solo cuando se nos solicita.

Por último, algunas ideas prácticas: incluyamos a nuestros mayores en la lista de invitados para la próxima celebración familiar. Practiquemos la presencia efectiva al escuchar no solo con los oídos, sino también con el cuerpo, dejando a un lado los celulares, la televisión y otras distracciones. Ofrezcamos conversaciones significativas. Disfrutemos del tiempo juntos, compartiendo la convivencia de diferentes generaciones en el mismo espacio.

La verdadera autonomía es un derecho indiscutible. Sin embargo, es también un mandato ético que nos invita a construir caminos y puentes para conocer al otro, reafirmando con nuestras acciones y decisiones su derecho a elegir sobre sí mismo. Construyamos juntos un presente que busque y fomente el bienestar de todos, sin importar los años que llevemos a cuestas.

Con Información de www.diarioelcentro.cl

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